196. Septiembre negro

Manolo Tostao

 

Le dije al chaval de volver a casa, no me gustaba nada ese cielo.

El verano había sido seco y la oliva se veía de una calidad e intensidad excelentes, pero todavía quedaba un mes más para poder empezar a recolectarla. Es una pena que vayan a echarse a perder, porque las cepas estaban espléndidas. Recuerdo una cosecha con el mismo verdor cuando todavía estaba mi padre, en los años veinte, pero de eso hace ya más de una década.

Cogimos los caballos y volvimos raudos a la casa principal. Mandé al chaval llevarse a sus hermanos a la cochera del ala sur de la hacienda a refugiarse.

Me senté en la mesa de la cocina y me serví un buchito de vino. Traté de abstraerme de lo que se venía. Mirada perdida para un mundo perdido.

Poco después, comenzaron a caer las primeras bombas.

 

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