73. La misión de Elian

Juan Antonio Álvarez Moral

 

Parte I

-Esta es la última poción que ha preparado nuestro físico con las plantas obtenidas en toda la Galaxia Velatrix- comentó Varek.

-Llevamos años buscando la fórmula para poder salvar la vida de nuestro rey- dijo Zelaria, mientras miraban al cielo esperando algún tipo de milagro que pudiera salvar la vida del soberano.

El rey Zurekan, monarca absoluto del planeta Kaelion llevaba muchos años adolecido por una extraña enfermedad. Su alto porte y fuerza se habían visto sometidos a la delgadez. Pasaba todo el día en su alcoba esperando a que la muerte lo venciera. Pero el último suspiro del rey sería el fin de todo el planeta y sus habitantes, porque la energía del planeta dependía de la vida del monarca, estaban conectados. La única solución es que hubiese algún tipo de medicina que pueda recuperar la salud.

Habían puesto toda la Galaxia Velatrix patas arriba, enviando a mensajeros espaciales buscando los mejores médicos, medicinas y remedios naturales. Hasta día de hoy nada había tenido resultado y la salud del rey y el planeta seguían empeorando, según las estimaciones quedarían unos cinco días en tiempo de Kaelion, lo que equivale a un día en la tierra.

Varek, el primer comandante del ejército y Zelaria era la mandataria suprema, lo que aquí llamamos primer ministro. Ellos muy preocupados por todo estaban al borde del colapso ya que nada había surtido efecto y el tiempo se agotaba.

-Varek, ¿Qué opción nos queda? – dijo ella con una profunda preocupación en sus palabras. – Han venido ya todos los exploradores intergalácticos y no ha habido solución.

-Según el último informe que he recibido solo queda una nave por llegar y es del explorador Elian. Viajo hace largo tiempo hacia la Vía Láctea, buscando vida y nuevos planetas a los que conquistar, dudo mucho que le haya llegado el mensaje de buscar una cura y volver. – contestó el comandante.

– ¿Entonces?,¿No nos queda ninguna oportunidad para salvarnos? – preguntó Zelaria- Debemos de avisar a nuestros compatriotas de que no hay ninguna solución y moriremos días después de que el rey fallezca.

-No pierdas la esperanza, todavía queda tiempo. Lo más razonable será avisar una vez muerto el rey, de todas formas, las noticias van como la pólvora, y lo más probable es que un gran porcentaje de población conozca el mas estado del rey. – respondió Varek.

 

Llegó el último día de plazo que habían dado los médicos para que se produjese la muerte del rey. Estaba siendo una agonía, cada vez le costaba más respirar y balbuceaba algunas palabras entre sueños febriles. Toda la corte suprema del planeta Kaelion estaba sumida en una gran pena, por la muerte inminente de su monarca y la desaparición de todo lo que han conocido hasta la fecha.

Zelaria, la mandataria suprema, y Varek, comandante del ejército, habían acordado qué a primera hora de la tarde, cuando la luz Alpha, que es nuestro equivalente al sol, se empiece a poner harían una comparecencia explicando todo lo que ocurre y los pasos a seguir. Ya que como nunca habían vivido la muerte de ningún rey y la posible desaparición del planeta no sabían la forma de actuar.

-Buenas tardes a todos, compatriotas. Soy Zelaria mandataria suprema de nuestro maravilloso Planeta Kaelion. Os reúno a todos para transmitiros unas noticias que nos afecta a todos. – Comenzó a hablar con mucha tristeza, pero su voz se veía fuerte y la expresión de su cara transmitía esperanza. – Nuestro rey Zurekan se encuentra en un mal estado de salud, su muerte es inminente.

Después de esta noticia se extendió un gran murmullo por toda la explanada, donde se estaba celebrando la comparecencia. Todos los habitantes de aquel planeta quedaron desolados por la triste noticia que acababan de recibir.

-Todos sabemos que la muerte de nuestro monarca es algo muy perjudicial para nosotros, porque todo el planeta depende de su vida. -Prosiguió Zelaria, pero un gran destello en aquel cielo iluminado por Alpha le hizo cambiar su discurso. – Pero compatriotas, a pesar de todo nunca perdáis la esperanza. – Cerró el micrófono y se marchó.

La explanada quedó callada por un momento y no entendían nada, si todo estaba perdido porque no iban a perder la esperanza. Vieron un gran movimiento de seguridad y ejercito que acompañaron a la mandataria.

-Pero Zelaria, ¿Qué te ha pasado? – preguntó Varek, mientras iba detrás suya para pedirle explicaciones – ¿cómo te has ido de esa forma?

– Señor comandante, prepare la pista de aterrizaje porque el explorador intergaláctico Elian viene de camino. – contestó ella mientras ordenaba a todos los médicos y químicos que estuviesen preparados para la llegada. – Mi señor Varek, he visto un destello de luz mientras hablaba a nuestros compatriotas planetarios, estoy segura de que es la nave de la salvación para nuestro rey y todos nosotros.

De repente, sonó el walkie-talkie que tenía el comandante con un simple mensaje: La nave 170923 ha entrado en órbita y pide pista de aterrizaje.

Varek miró con asombro a Zelaria, que sacó una pequeña sonrisa de esperanza.

 

Parte II

 

Efectivamente, el explorador intergaláctico Elian se disponía a aterrizar en su querido y anhelado planeta Kaelion. Su misión de conocer planetas de la Vía Láctea lo había llevado a estar fuera de casa durante muchísimo tiempo. Estando en el planeta Tierra recibió el mensaje de volver con alguna medicina para la enfermedad del rey Zurekan y emprendió el viaje de vuelta deseando que no fuera demasiado tarde para poder salvar a todo su planeta.

La nave comenzó a deslizar suavemente hacia la pista, estaba un poco sucia de tantos viajes en el espacio. No era muy grande y solo tenía el asiento del piloto. Sus alas eran pequeñas pero muy fuertes, atrás poseía una gran turbina que la propulsaba. El motor funcionaba con iridio cristalino y necesitaba luz para recargar, con una sola carga podría recorrer unos mil quinientos años luz. El aparato tomó tierra.

En la pista de aterrizaje estaban todos impacientes con la llegada de la nave, una vez tomó tierra una comitiva, integrada por Zelaria, Varek y algunos altos cargos, fue a recibir al explorador Elian.

Pasaron unos minutos y la puerta de la nave no se abría, esto extraño a los allí presentes. Varek desesperado se acercó y toco la puerta para ver si obtenía respuesta.

– ¿Hay alguien ahí? – gritó Varek mientras daba algunos golpes a la chapa desgastada del aparato.

Un sonido raro dentro de la nave hizo dar un paso atrás a toda la comitiva, de repente sonó un chasquido y varios golpes desde dentro. La puerta se abrió hacia arriba y apareció un Elian, el explorador intergaláctico, con un raro frasco de color verde en las manos.

-Perdonad compatriotas, pero con tantas horas de vuelo quedé dormido, pido mil disculpas. – dijo Elian mientras bajaba el escalón de la nave- siento llegar tarde, espero que lo que traigo para nuestro amado rey Zurekan sirva para reponerlo de su enfermedad.

Zelaria lo saludó con rapidez a Elian, e indicó a médico y químicos que recogieran la medicina que el explorador había traído.

-Esperad esta medicina ya viene hecha, no debéis mezclarla con nada. Solamente debéis de dar una cucharada todos los días y el rey se repondrá. Según me contaron los habitantes de un planeta llamado Tierra, al que llegué por equivocación.

Todos se apresuraron a llevar la medicina al rey, quedaba poco tiempo para la hora estimada y no podían entretenerse. Zelaria y Varek, se despidieron de Elian y fueron al palacio real a coordinar todo. El explorador quedó descargando todo su equipaje y utensilios que había recogido por lo largo y ancho del universo.

Los médicos llegaron rápidamente a los aposentos del rey Zurekan, le volvieron a examinar. Su frecuencia era mínima, la temperatura estaba muy por debajo de la normalidad para aquellos extraterrestres y la respiración flojísima, como un pequeño suspiro cada vez más agonizante. La muerte era inminente y los médicos decidieron darle ya la medicina final. Cogieron aquel frasco verde y vertieron en una cuchara, su aspecto era líquido pero viscoso y tenía un olor que evoca a naturaleza, tomate y hierba recién cortada. Uno de los médicos ayudó a abrir la boca y el otro le introdujo la cuchara. Hubo unos segundos de silencio, el rey dejó de respirar, se temían lo peor. Sin esperarlo Zurekan comenzó a toser de una fuerte como si algo le picara con fuerza en la garganta.

Fuera de la alcoba, en la antesala Zelaria y Varek escucharon la tos del rey y su nerviosismo creció. Minutos más tarde uno de los médicos salió a dar nuevas sobre la salud del monarca. Una rara expresión en su rostro parecía vaticinar la triste noticia.

-Mi señora Zelaria, el rey Zurekan… – un sudor frío bajó de su frente antes de continuar- el rey Zurekan ha empezado a mejorar.

El asombro nació en sus caras, no daban crédito a lo que acababan de oír. Era imposible que con una sola cucharada de ese misterioso frasco hubiera esperanza para un planeta entero.

– ¿Cómo ha dicho? – preguntó ella atónita con la noticia que había recibido.

-Como lo oye mi señora, le hemos dado una sola cuchara, tal y como nos ha indicado el explorador. Nuestro rey dejó de respirar unos segundos y pensamos en lo peor, pero de repente una tos fuerte lo despertó. Lo volvimos examinar y sus signos vitales mejoraron un poco. – explicó el médico – necesitaremos unos cuantos días para ver si la salud evoluciona afable.

La mandataria y el comandante se retiraron más tranquilos al conocer la última nuevas sobre la salud del rey solo quedaba esperar, pero el hilo de esperanza cada vez se hacía más fuerte.

 

Parte III

Habían pasado ya unos cuantos días y la salud del rey mejoraba notablemente, sus respiración y temperatura volvió a su estado natural. Volvió a hablar y tenía muchas ganas de volver a la actividad de palacio. Pero su mayor deseo fue conocer a Elian, el gran explorador que había traído aquel líquido verde que lo había devuelto a la vida. Días más tarde tuvieron esa reunión.

El palacio estaba reluciente, la sombra de muerte había desaparecido de aquel planeta, el rey se había recuperado y la esperanza volvía a instalarse en los corazones de aquellos habitantes del planeta Kaelion.

Zurekan, el rey esperaba a Elian en su trono blanco impoluto y brillante hecho de un material parecido al mármol. A su derecha se encontraba Zelaria, mandataria suprema de aquel planeta. Y a su izquierda Varek, el comandante de los ejércitos. Todos expectantes por conocer de las aventuras e historias que había vivido aquel trotamundos.

Las puertas del gran salón se abrieron de par en par y allí apreció Elian. Avanzó lentamente hasta acercarse a la pequeña escalinata para ascender al trono del rey. Allí hizo una gran reverencia en señal de respete hacia su monarca, luego saludo con una breve inclinación de cabeza a derecha e izquierda del rey para presentar respetos a Zelaria y Varek, que esperaban expectantes.

El protocolo de la corte decía que solamente el rey podría iniciar la conversación. Zurekan estuvo varios minutos rumiando que preguntas realizar al explorador.

-Explorador Elian- comenzó a hablar el rey mientras se levantaba del trono- en nuestro planeta estamos muy orgullosos de tener valientes exploradores como tú. Me gustaría darle las gracias a usted por el cumplimiento de su misión y haberme salvado la vida y las de sus vecinos planetarios.

-Mi rey Zurekan, el gusto es mío- acertó a decir Elian, su nerviosismo estaba latente en su voz entrecortada- Volver a casa y poder salvar a todos los nuestros. Ha sido un placer para mí.

-Cuénteme un poco su misión y ¿Qué es el brebaje verde que nos ha traído? – dijo el rey mientras volvía a sentarse en el trono.

Elian, estuvo ordenando sus pensamientos unos segundos antes de comenzar su historia.

-Hace ya algún tiempo embarque en mi nave hacia una misión intergaláctica. Visité muchos planetas de todas las galaxias. Y un día, por algún motivo que escapa a la razón, el rumbo de la nave cambió. Vi un gran planeta azul diferente al resto. Y decidí estacionarme allí, pero hubo un gran problema. Entré en órbita y una gran fuerza me arrastró a aquella tierra, no tuve tiempo de controlar la maquina y tuve que hacer un aterrizaje forzoso. Algo de mi nave espacial se dañó y tuve que pasar varios años hasta que pude arreglarla.

-Parece que tuvo problemas en su viaje, pero cuéntenos como descubrió esa medicina- dijo Zelaria que ansiaba conocer toda la historia.

-Pero vayamos por partes Zelaria, no ponga nervioso a nuestro explorador- le comentó Varek, que al igual que ella deseaba conocer ésta intrépida historia.

-Si mi comandante, aterricé en el planeta Tierra, exactamente en una nación llamada España. Exploré una región llamada Jaén. – explicó él- Allí conocí a Teresa, una joven que se dedica al cultivo del olivo, un árbol milenario de donde se extrae ese brebaje verde que he traído conmigo y que ha salvado la vida de nuestro rey.

-Discúlpeme señor Elian, ¿Cómo se llama ese líquido verde? – preguntó el rey Zurekan.

-Mi señor, se llama aceite de oliva virgen extra, según los humanos, como se hacen llamar ellos, es un zumo natural que llevan consumiendo desde hace siglos. – aclaró Elian, que estaba recordando todo lo aprendido en aquel planeta azul llamado Tierra.

– ¿Usted recibió la notificación de que volviera? – preguntó el comandante.

-Sí, mi comandante, recibí esa notificación, dónde se me explicaba las dolencias del rey y que volviera con algún remedio. Yo le comenté a la humana Teresa si podía ayudarme y ella me entregó ese frasco lleno de aceite de oliva virgen extra. Me dijo que era la mejor medicina y que pronto se recuperaría.

-Explíquenos todo lo que sabe sobre el olivo y el aceite. – Dijo Zelaria.

-Teresa, me llevó a conocer todo el proceso de obtención del aceite de oliva y me enseñó a hacerlo. En primer lugar, debe de recogerse las aceitunas directamente de los árboles. Los olivos se varean y las aceitunas caen en unas especies de sábanas gigantes, todo esto se hace para que la aceituna no se contamine y salga el mejor aceite. Después se lleva la aceituna a una almazara, que es un recinto donde se lava y tritura la aceituna. Obtenemos una masa que debemos batirla y posteriormente centrifugar para separar la parte sólida de la liquida. Y así ya tendríamos el aceite de oliva virgen extra.

Quedaron increíblemente asombrado de como algo tan sencillo podía tener tanto poder y energía. Aunque todo se estaba aclarando todavía quedaban dudas que resolver.

-Elian, ¿Y usted tuvo algún tipo de explicación del poder curativo que tendría este aceite de oliva virgen extra como lo llaman? – Preguntó Zurekan, que todavía estaba impactado con la historia del explorador.

Elian, paró un momento y busco algo de agua para refrescarse la garganta y seguir contando su aventura.

-Mi rey, podríamos decir que el aceite de oliva virgen extra es un superalimento. Mejora la salud del corazón, tiene unos grandes beneficios para la piel y es un antinflamatorio natural. Es un alimento con una gran lista de beneficios para la salud de las personas, y también para la salud de los habitantes de nuestro planeta, porque a la vista está la mejora que ha tenido nuestro soberano.

Elian detuvo su relato e hizo un chasquido de dedos, como si llamara a alguien. Acto seguido la gran puerta de la sala se abrió de par en par y apareció un compatriota con un carro, en el llevaba como una especie de urna y lo que parecían unos libros.

-Mi rey – volvió a hablar Elian, mientras repetía la reverencia del principio- Esto no es todo. A parte del pequeño frasco, también me obsequiaron con otros regalos. Teresa, la humana nos regaló un ejemplar de olivo, para que podamos plantarlo aquí y hacer nuestro propio aceite de oliva intergaláctico. También me dejo todo un libro explicando el cultivo del olivo y el proceso de obtener el aceite. Y por último y no menos importante, me recomendó que enseñásemos a los más pequeños todos los beneficios de este bonito cultivo y de consumir este brebaje, por este motivo me regalo unos libros infantiles que cuentan las aventuras y hazañas de una aceituna llamada Picualita. – dijo Elian, terminando su exposición ante Zurekan.

-Veo que debemos de tener un gran cariño y respeto a los habitantes de ese planeta llamado Tierra, sin su ayuda no podríamos estar hablando de este momento. Yo, Zurekan como rey supremo del planeta Kaelion, te nombro jefe planetario del olivo y del aceite, en tus manos estará el futuro de este cultivo y de nuestra salud.

Pasó el tiempo y a ese solitario olivo lo acompañaron miles. Los habitantes de Kaelion disfrutaron del aceite, del trabajo y de su cultura. En la memoria de todos quedará el viaje de Elian.

 

 

 

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