34. La cata

Rocío Martín González

 

– Quiero catar ese aceite de oliva, y hacerlo sobre tu piel. Deja que caiga un buen chorro sobre tu cuello, que resbale por tu pecho, y yo lo esperaré cerca de tu ombligo. Déjalo que caiga. – sus directrices eran sencillas.

Ella obedeció expectante y con movimientos certeros. Dejó caer lentamente el líquido dorado y un aroma a yerba recién cortada, a menta fresca invadió su nariz. Aquella intensidad la hizo cerrar los ojos y sentir como el líquido hacía su recorrido para unirse a la calidez de una boca, que se acercaba para encajar como una pieza de puzle, al lugar de encuentro. Las primeras gotas entraron arrastrando un aroma femenino dulce y tierno, mezclado con unas notas frutadas, con presencia de cítricos y vainilla que estallaron en boca con un suave amargo y un generoso picante. Aquel trago aspirado de un aceite fluido y armonioso los llevó a ambos a un lugar cercano al paraíso, donde los sentidos se mezclaban con las fantasías más sutiles y extraordinarias.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad