337. El tic-tac del poeta

Raúl Colorado Moreno

 

En el paradójico silencio del ocaso jienense de aquella tarde del 37 las cuadrillas de aceituneros vuelven de la dura jornada en el olivar, murmurando entre dientes, maldiciendo al terrateniente que los sepulta en la pobreza y con el miedo en el alma por la guerra y el inminente asedio a la ciudad…

La cuadrilla se va dispersando y apenas quedan dos jornaleros que, en andar cansado, remontan la calle Llana de la capital. Avanzan altivos, orgullosos del trabajo y del sudor, evocando la hermosura de los troncos retorcidos de su querido olivo cano.

Nítidamente se escucha el tic-tac de una máquina de escribir que llega desde de una de las casas. “Algún señorito rico”, murmura Fermín, con el trabajo de sol a sol pesando más que nunca sobre sus huesos.

En ese instante, un gorrión eleva el vuelo hacia la azotea de la sede del Comisariado y se posa en la baranda de la terraza. Fermín se equivocaba. Allí no hay un señorito rico, allí está el poeta dictándole a su amada Josefina: “Andaluces de Jaén, aceituneros altivos…”

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