330. El último sueño del viejo olivar

María del Carmen Sánchez Gulías

 

Fue en el otoño del año 2035 cuando unos extraños visitantes, procedentes del espacio exterior, aterrizaron en mitad de los olivares. Ellos descendieron, desde una nave plateada, por una escalera metálica de estrechos escalones hasta el suelo. Los agricultores quedaron pasmados. Nadie los había visto anteriormente.

Las caras de los extraterrestres eran de una belleza mágica. En el iris de sus ojos danzaban estrellas, que cambiaban de colores. Según fueron acercándose, al árbol más viejo del olivar, se tornaron de un brillante color verde oliva. Era su saludo de eterno agradecimiento.  Los árboles los habían curado hacía cinco años. El suave murmullo de las hojas, habían arrojado de su mente el recuerdo de los sufrimientos de la guerra con el planeta Malchik. Mientras, los dedos verdes se zambulleron sobre sus oídos para susurrar el canto alegre del viento; logrando así el perdón en sus corazones.

—Se está muriendo, se marchita y ni siquiera podemos salvarlo, —murmuró uno de los marcianos.

El viejo olivar los escuchó. En aquella atmósfera, de luminosidad del alma, les confesó su sueño secreto: —Quiero que algunos de mis descendientes vayan con ustedes para poblar su planeta.

—Hecho está —contestaron, al unísono, los alienígenas.

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