326. El repiqueteo del olivo

María de Jesús Espinosa

 

Un grupo de amigas pasó la noche en la casa de una de ellas, porque los papás habían salido de viaje. Entre risas apagaron la luz y empezaron a hablar del olivar del barrio, ese que parecía respirar cuando caía la noche. Contaban que las ramas crujían como huesos y que las aceitunas se soltaban solas, golpeando el suelo como si alguien caminara en círculos bajo los árboles.

 

Una se burló y las demás la retaron: debía ir hasta el olivo más viejo y clavar una estaca en la raíz. La joven salió riéndose. Pero no volvió.

 

Desde la ventana, las otras oyeron un estruendo de ramas desgarrándose… y luego las aceitunas rodando con un repiqueteo insistente, cada vez más fuerte, más rápido, hasta chocar contra la puerta. Cuando encendieron la luz, el piso estaba cubierto de aceitunas verdes, frescas y brillantes, que nadie recordaba haber recogido del árbol.

 

 

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