263. Agua Tofana

Cuento de Francisco J. Esteban e ilustración de Angelines Alcalá Lombardo

 

Sierra Mágina, 1948. Mari Cuadros encontró el frasco entre mantones y cartas antiguas. Era de cristal, pequeño, con letras elegantes en la etiqueta: Agua Tofana. Recordó que una vez su madre le dijo: «No es para usarlo. Pero hay cosas que una mujer no debe olvidar que puede hacer». Cuando el delegado del régimen, con la comisura derecha siempre temblando como si mordiera palabras, vino a hablar de expropiación, Mari le puso pan, aceitunas y aceite nuevo. El hombre mojó, comió, elogió y se llevó un tarro de esas aceitunas a casa. Y enfermó, poco a poco, hasta que las fiebres acabaron con él, como ella recordaba que murió su padre. «Muerte natural», dijo el médico. Al día siguiente, enterró el frasco bajo la oliva más vieja, junto a un trozo de papel en el que había escrito a lápiz:

Solo si la tierra lo pide.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad