313. Cría

Raúl Tomás Torres Marín

 

Hijo mío, parte de mí, del mismo material del que estoy hecho, pensé, cuando brotó el primero de mi oreja izquierda. Temiendo de donde provendrían me exploré para asegurarme de no estar podrido, hasta deducir que roen los recuerdos que he cuidado como joyas, chasquean mis razonamientos e ideas, mastican mis neuronas y sinapsis. A esto atribuyo las jaquecas de cada rato.

Se tragarán mis sueños, creo, luego esta pesadilla terminará devorada por alguno de ellos. Los más regordetes y rosaditos (quizás los que se alimentaron de mis pensamientos más procaces) los conservo en un frasco de aceite de oliva que encontré de prisa sobre el comedor pues ahí ocurrió lo que quiero contar: todos en ordenada fila, flotando en el líquido de oro, me observan o vigilan, no sé, mientras espero unos días para expulsar el siguiente.

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