284. Supercentenarias

Valentín García Valledor

 

Tras el homenaje oficial por sus 111 años, llegó una periodista para entrevistarla. Debía informarse de quién era mi bisabuela y cómo había logrado ser tan longeva.

Yo, que la acompañaba esas vacaciones, le dije que, aparte de su genética natural, habrían colaborado sus hábitos de no beber ni fumar, una dieta sin excesos, los paseos y su buen carácter.

Asintió con la cabeza y, tras tomarle fotos, le preguntó:

– Perdone, María, ¿tiene algún secreto para vivir tanto?

– ¿Secreto?

– Sí, alguna costumbre saludable diaria. Mire, una japonesa que llegó a 117 bebía mucho té verde, y un francés de 115 se tomaba una copita de vino en las comidas.

– Ah, bueno, yo también tengo algo de eso, pero el té me alborotaría y el vinito me pondría piripi.

Mientras sonreíamos su ocurrencia, continuó:

– En mi caso, mi tatarabuela ya me daba una cucharadita de aceite puro de oliva virgen en ayunas, porque pone buena la barriga, y eso hago desde entonces.

Hubo más preguntas, pero ninguna que me sorprendiera tanto. Al día siguiente me pasé por el camposanto y pude comprobar, leyendo la lápida de mi trastatarabuela, que había fallecido con 120 años.

 

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