281. El grito de la garganta

Francisca Pérez Ramírez

 

Te han traído aquí, a esta ladera de Sierra Mágina, donde el sol de Jaén no calienta, sino que cincela la piedra. Sientes el crujido de la tierra roja bajo tus botas al caminar entre los olivos. No son árboles; son abuelos retorcidos, con la corteza de plata rugosa que cuenta milenios de resistencia.

Al entrar en la almazara, el aire se densifica con un aroma dulce y ligeramente picante. Es el aliento de la fruta recién triturada. Ella te entrega una copa de cristal azul. La calientas con la palma, conteniendo un zumo de color esmeralda. Inhalas: hierba fresca, tomate, una nota de almendra.

Y entonces lo pruebas.

El líquido se desliza en tu lengua, pero es en la garganta donde grita la verdad. Un picor limpio, una llamarada fugaz que te recuerda que está vivo. Es el oleocantal, la memoria de la cosecha temprana, la obstinación de Don Antonio.

Cierras los ojos. Comprendes, en ese instante, que cada gota es un legado. No has comprado aceite, has saboreado la historia. Y te vas con ese latido verde anclado en la memoria.

 

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad