276. Receta para la nostalgia

Hopera

 

Leer cuando me haya ido. Seguir las instrucciones al pie de la letra. Cualquier desviación puede afectar al resultado.

Encomendarse a la Virgen de la Oliva. Rezar por la poda de primavera, orar por que la luz difusa bese al árbol y el aire pasee libre entre las ramas. Pedirle un otoño fresco y que el sol se muestre tímido. Implorar buitres hambrientos y estorninos desganados. Suplicar que las lluvias caigan escasas y los vientos suaves del noroeste acaricien los frutos. Rogar por tierras rojizas que nutran y sean generosas.

Requerir a Minerva para que la aceituna tenga su piel turgente y fina. Que la diosa guarde el secreto de clorofilas, carotenos y antocianos.

Acudir al olivar en el nacimiento del río grande con un capacho por la Purísima. Una luz plateada iluminará el mar verde. Recuérdame tarareando aquello que tanto me gustaba de “madre, yo tengo un novio aceitunero, aceitunero”. Si lo anterior se ha cumplido al milímetro, las arbequinas estarán comenzando un envero tardío. Ya no serán verde esmeralda, podrás observar pigmentos de la amatista o la lila. Verás en ellas, solo entonces, el color exacto que tenían mis ojos.

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