272. La aceituna de la vergüenza

Seijo Marías

 

Durante cuatro eternos minutos, la aceituna de la vergüenza permaneció en el plato ajena a la conversación anodina que se mantenía en la mesa, mientras los comensales la vigilaban de reojo debatiéndose entre perder la dignidad o la paciencia. Todo por un diminuto fruto de cualidades excepcionales. Olivares centenarios, trabajo, dedicación y mimo, condensados en apenas dos centímetros que se pueden convertir en el mejor aperitivo, la guinda de un delicioso plato o el origen del aceite de oliva, el oro líquido del Mediterráneo, el mejor aliado de la salud, el “néctar” fuente de ácido oleico de sabor irresistible.

Martín, el benjamín de la familia, se acercó a la mesa sin prejuicios ni reparos y se la metió a la boca para descanso de todos.

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