265. Patxi y la promesa de Maddi

Feminiello

 

En los montes vascos, generaciones atrás, vivía Patxi, un olivicultor que luchaba contra malas hierbas que devoraban su olivar. Sus manos sangraban por ello, y aun así estas regresaban fuertes.

Una tarde, llego una mujer extraña, con un rebaño de cabras. De piel pálida, y largo cabello blanco, casi sobrenatural. Con ojos, verde profundo como olivos maduros. La mujer, llamada Maddi, estaba agotada y sola, y Patxi, compasivo, le ofreció comida y refugio.

Mientras compartían el fuego, ella preguntó cómo agradecer su hospitalidad. Él sonrió amargamente:

—Con que tus cabras se alejen de mis olivos, basta. Bastante tengo con las malas hierbas que ahogan mis cultivos, no quiero que ellas los arrasen también.

Maddi lo miró y respondió serenamente:

—Mis cabras comerán solo lo que daña tu campo.

Él no le creyó. Pero aquella noche, ella entonó una melodía, y las cabras obedecieron: devoraron zarzas, cardos y ortigas, sin tocar una hoja de olivo.

Al amanecer, Maddi y sus animales desaparecieron. Solo quedó el olivar, intacto y brillante, con racimos verdes tan intenso como sus ojos.

Con el tiempo, las historias de los hombres la transformaron y la volvieron Maddi, la Diosa Vasca.

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