260. Ritual

Larsen

 

Hasta hace poco, mi madre acariciaba el pan, lo cogía entre las manos y, aunque ya le fallaba la memoria, seguía los pasos de siempre: lo rociaba con la cascada de aceite de oliva virgen extra y me miraba después buscando mi aprobación; yo asentía; entonces ella cortaba el pan en trocitos y empezaba a comérselos acompañados siempre de café negro. No quería otra cosa para desayunar. Una mañana de pronto, el ritual se interrumpió después de acariciar el pan. Entonces me miró desconcertada. Recuerdo el café humeante, mis ojos desbordados de lágrimas y mis manos cogiendo sus manos arrugadas para llevar los trozos de pan hasta su boca.

Ahora, cada mañana le ayudo a mantener el rito del desayuno, pero hay días que mis manos se vuelven pequeñas y sus manos jóvenes me inician en el secreto de la cascada que cae desde la botella e introducen después trocitos de pan en mi boca. Pero no estoy seguro de si eso ocurre realmente o es el aceite quien ilumina su memoria y la rejuvenece.

 

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