258. Querer abrazar el cielo

Dayris de las Mercedes Delgado Hernandez

 

Donde vengo, el sol se desliza con pereza, el tiempo pasa en cámara lenta, se desafían las leyes de la lógica y, sobre todo, se guardan secretos bajo una sombra. No todo es malo; conservamos el más veterano de los árboles de olivo, cuyas ramas se extienden como brazos fuertes. Pasan los años y él continúa en su misma postura, erguido y sin ánimos de abandonarnos. Las miradas se pierden en él; una extraña conexión y sensación te pueden hacer temblar, pero no de miedo, sino de satisfacción extrema, eso que solo sentimos muy pocas veces en la vida. En mi pueblo no todos podemos tener este regalo; para muchos, este árbol no existe, simplemente se oculta, sus ojos se vuelven ciegos y pasan a escuchar susurros en un idioma ya olvidado, un castigo para ellos. Dicen los que no saben nada que son los que un día intentaron abrazar al olivo; no todos merecemos abrazar el cielo.

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