248. El comienzo del fin

Dayamí Pérez Ponce

 

Las nubes grises se disiparon, un rayo de sol se filtró y acarició el valle, sobre la hierba seca y las flores marchitas cayó una gota de una rara sustancia color oro. Se mezcló con la naturaleza agonizante después del paso de la muerte, y entonces, todo lo muerto cobró vida. Su sabor a mañana infinita y esperanza encontrada cubrió los árboles y las enredaderas que perecían, su aroma a sueños de invierno endulzó el ambiente. Del centro creció un tallo, floreció cómo el sol tras la tormenta, se alzó cómo las oportunidades que a veces regresan y creció como el amor que brota desde el alma. De sus ramas cayó una oliva, pequeña, delicada, cómo un recién nacido que abre los ojos por primera vez. Rodó, y el ciclo se completó. Dicen que cuándo un olivo da frutos, la vida se regenera, burla a la muerte y un nuevo comienzo marca una etapa en el transcurso de nuestras vidas

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