246. Santo Remedio

Utz

 

El primer recuerdo que tengo de mi abuela son sus ojos negros y atentos, su mano cálida en mi vientre, unas nanas que suenan como conjuro, para que pase el dolor.

Con suavidad me acerca un dedo largo y oscuro, lo apoya con delicadeza en mis labios, siento las gotitas de aceite de oliva, el sabor potente y el perfume que me acuna. Santo Remedio, me dice.

Recuerdo las nanas para que el aceite se lleve el malestar, el beso en la frente, en los ojos, mi risa suave y dormirme en sus brazos.

Hoy repito los conjuros de mi abuela, con mi pequeña entre mis brazos. Le canto, le cuento sobre los olivares, sobre cómo el aceite se lleva los males del estómago, de los ojos negros de mi abuela. 

Siento la mano cálida de mi abuela sobre la mía, mientras toco el vientre de mi pequeña y le aseguro que es Santo Remedio, que pronto estará bien.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad