243. Mi olivo

Miguel Jorcano Casaús

 

Mi abuelo nació olivo. En el huerto de mi jardín. Nació del hueso viejo que cobijó la tierra en su lecho y del que brotó una tímida ramita. El tiempo le dejó crecer y así alcanzó mi altura. El clima curtió su torso y le regaló su piel plateada. Descansa siempre erguido, bajo la luna en las noches claras.

Y lo riego, con recuerdos y poca agua.

Y lo podo, una vez al año, dejándole el pelo corto. 

Y enciendo la chimenea con sus ramas, y saca su genio en una gran llama viva.

Y recojo sus flores blancas cuando las esparce por el suelo, tan parecidas a los copos de nieve que vimos caer aquel invierno en el pueblo. 

Y lloramos, por volver a estar juntos. Él con lágrimas de aceite. Yo, con lágrimas de sal.

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