232. Travesía líquida y aromática

Baskerville

 

Marta sintió el amargor elegante recorrer garganta y memoria, retuvo el aceite con la emoción de la anticipación, lo dejó resbalar lentamente en la boca, descubrió notas de hoja fresca, almendra y tomate, aspiró el aroma que subía de la palma de su mano, alzó el cuenco a la luz del amanecer, observó el líquido descender denso y brillante en la almazara, supervisó la decantación que separaba el aceite de la impureza, observó la pasta transformarse en líquido tras la molienda, examinó la resistencia de la pulpa al ser triturada, eligió los frutos perfectos, apartó los imperfectos, retiró hojas y piedras con delicadeza, acarició las ramas nutridas de sol y lluvia, caminó entre hileras de olivos centenarios, respiró la humedad de la tierra y percibió el murmullo de raíces que guardan siglos, escuchó el viento suspirar entre cortezas torcidas, pensó en generaciones que habían amado y cuidado cada árbol, cada fruto, recorrió senderos con el corazón abierto al verde que despertaba, y en una visita a la belleza intemporal de Úbeda y Baeza, cerró los ojos y soñó con hacer aceite.

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