226. Todas esas gotas

Enzo

 

Gotas de sudor, cuando el sol castiga inclemente durante la poda y el laboreo. Gotas de sangre, las que hasta de las manos más curtidas brotan cuando el vareo niega cuartel. Gotas saladas, amargas, de lágrimas indomables, cuando el cielo se muestra apático y desidioso, insultantemente azul, negándose a compartir su líquido tesoro. O cuando, al contrario, se presenta negro y furibundo y descarga hielo sobre el trabajo vertido y los sueños incumplidos.

Aceite, simplemente, lo llaman algunos. Para él, sin embargo, tiene otros muchos nombres: esfuerzo, trabajo. Vida. Pues de todas esas gotas se acuerda cuando otra, dorada, intensa como la tierra que la vio nacer, se escurre entre los capachos, dando sentido al sacrificio derramado

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