180. La piedra del olivar

Papavullpa

 

Los olivares fueron expropiados a sus dueños ante un proyecto que pretendía semblar el territorio de placas fotovoltaicas. Los olivos fueron talados, los más ancianos ejemplares exportados a tierras del sur y aquellos otros que no enriquecían los ávidos bolsillos se dispuso dejarlos morir mirando al sol, en lenta tortura y agonía que los transformaba en esperpénticos sarmientos resecos. El territorio quedó desierto, sin nada más que una gigantesca piedra megalítica que servía de recuerdo a un tiempo de esplendor que ya pasó, con sus gentes humildes dedicadas ya a malvivir de ayudas y que lentamente fueron transformándose… en silencio.

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