168. Un destello de gloria

Tinta de invierno

 

Ahí estaba ella, verde, brillante, primaveral, esperando que el pedúnculo fuera cortado para cumplir su destino. Su ilusión no era solo brillar, sino ser la mejor oliva de todo el olivar. Esperaba, como un rito sacrosanto, la prensa perfecta para dar su mejor aceite, con notas ácidas propias de su valle y con el verdor y cuerpo perfecto. No para un buen catador, sino para el mejor de la región.

Su vida, aunque corta, tenía un propósito: llegar a una mesa que apreciara su belleza. Ella sabía que, con la misma paciencia con la que se había forjado, tendría su oportunidad para brillar como una estrella.

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