149. Evocación

María del Pilar Folla Diz

 

Aquella obsesión suya, había comenzado de manera casual décadas atrás en la taberna del pueblo. Un domingo; siendo él niño, a la hora del aperitivo le sirvieron aceitunas. El pequeño fruto verde; que en primer momento miró extrañado, fue toda una novedad. Tras mirar a su padre; que con un leve gesto de asentimiento le concedió permiso, se llevó aquella pequeña bolita verde a la boca… ¡Nunca había experimentado tal explosión de sabores a través de sus papilas gustativas! Recordaba vívidamente aquel instante, como si no hubiesen pasado tantos años, y pudiese saborear aún aquella primera aceituna de su vida.

La mencionada experiencia fue la que hizo que se dedicase a los olivos, a su cultivo y a fabricar el mejor aceite de la comarca. Sabía al dedillo, todo lo que necesitaban aquellos grandiosos árboles mediterráneos para dar origen a sus codiciadas olivas. Era también el mayor experto de la zona en el verdeo y su empresa no dejaba de expandirse año a año comerciando con aquel maravilloso oro líquido. Sin embargo; al viajar con su mente de nuevo hasta su primera aceituna, era consciente de que aquella ocasión, le había regalado entonces la verdadera y auténtica felicidad.

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