139. La pipirrana perfecta

Atómico

 

Tom, el tomate, soñaba.

Soñaba con formar parte de la mejor pipirrana jamás hecha.

Soñaba con elegir, no ser elegido.

Soñaba con sabor y armonía.

Tom no perdió tiempo. En la cesta, se dirigió a los tomates de piel tersa y color vivo. Los convenció con palabras maduras. En la lonja, se dirigió a las cebollas. Eran orgullosas, pero al oír el propósito de Tom, dejaron escapar lágrimas de emoción y aceptaron. Después los pimientos. Unos eran demasiado curvos, otros tan rectos que parecían altivos. Tom eligió a los equilibrados, ni muy extremos ni demasiado dóciles.

Pero el gran reto era el aceite. Con la sal no se podía hablar, por fría y muda, pero el aceite… el aceite hablaba demasiado. Cada variedad presumía de su virtud: Hojiblanca cantaba su frescura, Picual imponía carácter, Arbequina susurraba suavidad, Royal alardeaba de linaje, Verdial agitaba su herencia. Todos decían ser el mejor. Tom escuchaba y escuchaba, hasta que no pudo más.

Finalmente, eligió AOVE Picual. Por ser la más cercana, la que hablaba con acento de su tierra, porque entendía su sueño. Tom sabía que a veces, lo perfecto no es lo exótico, sino lo que encaja. Y encajó.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad