12. Inmarcesibles

Odiseo

 

Bajó del autobús en la puerta de su vieja escuela, ahora desahuciada de risas y juegos infantiles. Caminó resuelta hacia el olivo bicentenario con la bruma del pasado visitando sus pupilas. Con la seguridad de quien conoce la ubicación de un valioso tesoro, introdujo la mano en una oculta oquedad, removió las hojas y las olivas secas acumuladas durante quince años y extrajo una bolsita. Limpió el polvo y los restos vegetales de la superficie exterior del plástico y comprobó con alegría que conservaba intacto su valioso contenido. Desplegó el papel guardado tanto tiempo y releyó sus proyectos juveniles, resumidos en diez líneas y una fecha. ¡Ninguno había culminado! Dos lágrimas recorrieron sin prisa sus mejillas mientras, abatida, dejaba resbalar su espalda sobre el poderoso tronco hasta quedar sentada a sus pies. Observó sus poderosas raíces sobresaliendo de la tierra, proclamando la fortaleza de aquel árbol, capaz de sobrevivir durante siglos contra heladas y sequías. Tachó la fecha, se concedió una prórroga escribiendo otra y devolvió la bolsa a su escondrijo. Después de todo, ¿qué eran quince años frente a toda una vida? Sin duda, aquel coloso verde seguiría custodiando sus proyectos más allá del tiempo y el olvido.

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