119. Homenaje a los de allí

Natividad Villar Martínez

 

Aquellos campos reflejaban una luz de ceniza y olivo, un amanecer donde sus manos se confundían con los frutos maduros, cuerpos que con ligereza rodeaban y friccionaban cada rama. Un año más que las maletas rodaban por las aceras del pueblo, una temporada más de conversaciones con dialectos distintos al nuestro, otro cambio de estación que esperaba pacientemente su regreso, porque sin ellos el peso del fruto no encontraría descanso. Todos estos pensamientos me aturdían, mientras degustaba la tostada rebañada en una generosa cantidad de aceite temprano; fue en ese instante cuando cerré los ojos y sin ser consciente aparecí en la sabana africana, me miré la piel y había tornado en un color oscuro, toqué mis labios y mostraban una textura carnosa, y mi pelo mostraba un aspecto negro y ensortijado. Ahora vivo en este hermoso continente, de colores de contrastes, de naturaleza casta y de atardeceres eternos; tal vez esto me pasa por tomar aceite de frutos recogidos por las manos de gente de aquí.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad