115. Cartas a Fatou

Chema López

 

Travesía

Querida Fatou,

Me despierto de madrugada varias veces, muy nervioso, rompo a llorar en la noche después de recordar en forma de pesadilla el momento en que vi por última vez el rostro de mi querido hermano Moussa arrastrado por ese mar enloquecido. A veces pienso que fue un castigo, por abandonar nuestra tierra, por abandonar a mi familia, por dejarte a ti. Tiemblo viendo a ese otro niño pequeño desapareciendo entre las enormes olas, resuenan en mí los gritos de su madre, el resto la sujetaba para que no fuese tras su pequeña criatura, ¡Alá tenga misericordia de él y del resto de nuestros compañeros de viaje que desaparecieron para siempre bajo las aguas y nos perdone al resto!

Salimos sesenta y cinco en aquella barca neumática, el jefe nos aseguró que aguantaría con todos, no contaba con la furiosa tormenta que se desató en la noche, -lo cierto es que nunca pareció que le importáramos demasiado mientras contaba el dinero-, llegamos tan sólo cincuenta. Todos nuestros ahorros esfumados en los bolsillos de aquel jefe que nos trató como ganado en una travesía hacia un destierro que yo mismo decidí por mi propia voluntad.

Llevo más de una semana durmiendo en un albergue de la ciudad y aún no he encontrado trabajo lejos de esa tierra de miseria que es Senegal. La litera es cómoda y me ofrece intimidad en la noche, me da vergüenza que me vean llorar como un niño. Hasta ahora he sido bien acogido, son generosos, también me dan comida y un lugar donde asearme, espero tener suerte trabajando de cualquier cosa, no me importa lo duro que sea, necesitan nuestras manos y nuestras espaldas para trabajar en lo que no quieren los españoles.  Te echo de menos, no puedo vivir sin ti, estoy preocupado por si habrá llovido lo suficiente para que podáis comer todos vosotros.

Abraza a mis padres y hermanos, los echo de menos, te echo de menos.

Tu Moudou te quiere siempre

 

Tajo

Querida Fatou,

Me han llevado a un pueblo de Jaén, tenías que ver esto, es como un inmenso mar de color verde y gris, infinitos campos de olivar, hay olivar para todos, para nosotros y para ellos, aunque no estoy seguro de que nos miren bien por aquí, creo nos necesitan, pero no nos quieren. Desde la asociación me han dicho que pruebe a buscar trabajo en un tajo de aceituna, un tajo es la recolección del fruto de olivo, del que se obtiene su aceite, el zumo del que se sienten muy orgullosos, tanto que lo llaman su oro líquido, cada pueblo tiene el suyo propio, dicen que cura por dentro y por fuera. Muchos de estos árboles son incluso tan viejos como nuestros queridos baobab, algunos incluso más. Las gentes de estos pueblos y sus antepasados han vivido gracias a ellos, pero ahora son mucho menos respetados, en algunas fincas los están arrancando para poner en los terrenos paneles solares, en otros campos sustituyen estos ancestrales árboles por nuevos ejemplares jóvenes en plantaciones modernas intensivas. Algunos ancianos del lugar lloran de pena cuando esto sucede, el jefe de una fábrica de aceite mandó arrancar los olivos de su familia para una plantación de estas nuevas intensivas y para hacerlo tuvo que mandar a sus padres y su mujer de vacaciones lejos de la finca, cuando volvieron y vieron el resultado todos lloraron con “lágrimas vivas”.

He preguntado en la cooperativa y me ha dado el teléfono del capataz  de una finca donde les hace falta gente para recoger su cosecha este año, al llamarle me ha dicho “los jóvenes de aquí no quieren campo”, “vosotros no tan delicaos” , “si no es por vosotros africanos, se queda toda en el suelo, sobre todo este año que hay tanta, ahora, que moros no quiero ni uno”, la mayoría de los jóvenes prefieren la ciudad, aunque algunos resisten y escogen quedarse en su pueblo viviendo de sus tierras, pero son los menos.

El capataz Antonio, le llaman el manijero, es quien manda en el tajo y dice lo que tenemos que hacer, estamos seis senegalés y tres españoles. Nosotros trabajamos nueve horas al día, a veces hace mucho frio por la mañana, aunque se entra rápido en calor, el trabajo dice que antes era más duro, ahora llevamos máquinas que lo hace todo más fácil.  A los de color, como algunos nos llaman, siempre nos ponen a hacer los peores trabajos, la última hora de la jornada se hace larga, siempre me pesa el cuerpo. Los días de lluvia no trabajamos, pero tampoco nos pagan incluso si ya estamos en el campo y empieza a llover, tampoco tenemos un contrato ni nada parecido, solo la palabra de Antonio.

Estoy agradecido está tierra, la mayoría son muy amables, me he hecho amigo de un compañero del pueblo, se llama Manuel, sus padres trabajaron varios años a principio de los años setenta   lavando platos en un hotel de los Alpes suizos, por eso dice que me comprende y me quiere ayudar, dicen que es un rojillo, no entiendo muy bien que quieren decir con eso, pero creo que eso es para que no nos juntemos con él. Manuel me ha dicho que tenga cuidado, que no nos tomen por tontos por ser de fuera, que me cuide de los que llevan la bandera de España en la pulsera como Antonio, tampoco lo entiendo Fatou, ¿qué tiene de malo llevar la bandera de su país?

El caso es que ando algo disgustado con Antonio el manijero, aún se equivoca con mi nombre, me llama de distintas formas, pienso que se podría molestar en aprenderse mi nombre, que no es tan difícil. Nos obliga a irnos los últimos de tajo, los españoles se marchan antes que nosotros, además, nos paga diez euros menos que a ellos, cuándo le protesté, se enfadó y me dijo que no me quejase, que me fuese a vender paraguas a la plaza del pueblo. El otro día fui a pedirle un adelanto y me dijo sin ni siquiera mirarme a la cara,  “tú no trabajar bien, tu no saber y quita de en medio, yo no soy tonto”.

En el bar del pueblo los viejos me miran mal porque algunos comentan que le quitamos el trabajo a los de aquí, pero creo que aquí no hay jóvenes para tanta aceituna.

La finca está a media hora, nos lleva Lola en su antiguo coche todoterreno, con las máquinas encima el techo. Lola es la hija de “Gran-père”, el dueño de la finca. Antonio a veces se refiere a ella como la señorita, ella es amable conmigo y siempre va sonriendo por la mañana, aunque luego gruñe mucho por todo, Manuel dice que viste a los santos de la iglesia, no entiendo qué quiere decir con eso, ya me lo explicará.

Tu Moudou te quiere siempre

  

Temor y esperanza

Querida Fatou,

Por la tarde el domingo en el bar del pueblo estaba con Antonio y Manuel, me invitaron a una leche manchada de café caliente mientras ellos tomaban una cervecilla viendo el partido de fútbol del Madrid, -un ecuatoriano nos servía las consumiciones-, cada vez me siento más acogido por estas gentes, aunque no estoy seguro de que todos nos quieran. Estaban muchos hombres y muchachos del pueblo comentando que en otro pueblo cercano se han montado un lío enorme porque dicen que un trabajador extranjero de la aceituna pegó y robó a un anciano español, tienen motivos para estar cabreados, los de fuera tenemos que venir a trabajar y ayudar a este país, pero no a ser delincuentes. El caso es que mucha gente violenta de fuera del pueblo ha venido a ajustar cuentas y vengarse de todos los extranjeros que se cruzan con ellos, no lo entiendo, no es justo, la cosa no está clara, tengo un poco de miedo porque esto llegue hasta aquí.

Antonio dice “este año mucha aceituna, sí no por vosotros queda toda en suelo para marranos”, el año que viene seguramente que habrá mucha menos, debes saber que por aquí tampoco llueve mucho, seguro que entonces sobraremos muchos africanos. Recogiendo la aceituna de diciembre, casi te puedo acariciar al tocar esa aceituna negra y de piel suave como la tuya. También me ha dicho que ha hablado con Lola y que merezco que nos paguen lo mismo que los de aquí, que trabajo duro y me quejo poco, estoy más contento. Lola la jefa también se está portando bien con nosotros los africanos, dormimos en un antiguo cortijo de su propiedad, una parra da sombra la puerta del cortijo, prefiero el sicomoro de tu casa Fatou. La casa está muy vieja, no tiene electricidad, pero tiene un pozo con agua, unas camas con viejos colchones y mantas que nos abrigan, un fuego que nos calienta por la noche, la casa dice que es de sus abuelos y se encuentra cerca de los árboles en lo que trabajamos.

 

Tu Moudou te quiere siempre

 

 Misión

Querida Fatou ,

Gran-père ha muerto, lo queríamos mucho, era un buen hombre que nos respetaba y nos apreciaba, solía cocinarnos a toda la cuadrilla en ocasiones especiales un plato típico de aquí llamado migas, un revuelto de pan con carne de cerdo que siempre apartamos, casi puedo imaginar y oler el cuscús que tú me preparabas. Ahora me he nacionalizado y creo soy uno más de ellos, nos necesitan, pero no estoy seguro de que nos quieran aquí. Ahora la situación para los de fuera parece que va mejorando, ahora se hacen más contratos, dicen que si les pillan “se cae el pelo”, también respetan más las pagas y los horarios. Siento que Antonio el manijero cada vez me aprecia más, por fin se ha aprendido mi nombre, me trata como un amigo.

Espero puedas perdonarme algún día Fatou pero Lola ha sido mi refugio en esta tierra, ella es algo mayor, tiene casi cincuenta años no es tan hermosa como tú, no tiene tu piel, ni tu pelo, ni tu mirada. Hemos decido casarnos, necesita alguien que esté con ella en esa casa tan grande del pueblo, necesita quien cuide de los viejos olivos de su familia. Ahora soy cómo una especie de jefe, ahora soy alguien, este mar de olivos me ha salvado, estoy agradecido y cuidaré de sus olivos, creo que esta ha sido la misión que me traído hasta aquí. Antonio me respeta y Manuel sonríe, me gasta bromas dándome golpes la espalda. Lo siento mucho, además, necesito mandar más dinero a mis padres, espero que con la cantidad de dinero que te mando puedes hacer una vida sin mí.

Con tristeza y tú recuerdo Moudou se despide.

  

La noche de los cristales

Querida Fatou,

Me despierto de madrugada varias veces muy nervioso, tengo miedo, miedo por mí, por Lola, miedo por Antonio que me da su protección esta noche en su casa, está intentando protegerme, aunque lo intento no consigo conciliar el sueño. La agresión al anciano español ha provocado más revueltas, hay disturbios, suenan sirenas, se escuchan ventanas y cristales rompiéndose, se escuchan en las noticias que está noche se va a dar a cazar al inmigrante, que grupos de gentes, muchos en sus muñecas el color tan verde como el aceite en octubre, van a proteger a España de la delincuencia y de que les quitemos el trabajo a sus jóvenes.

Estamos en septiembre y la cosecha está por llegar, este año va a ser bueno, por aquí se dice “no saber dónde echar tanto aceite”, también dicen que “si no es por los de color seria ruina”, yo creo como nos echen de sus pueblos se quedará para los marranos. Este mar de olivos anda ahora revuelto, creo que en realidad lleva tiempo ahogando a sus gentes con cantos de esperanza, nunca supieron como agarrarse a la madera de este árbol para no hundirse.

Muchos de los aquí no nos quieren, quizás no quieran reconocer que nos necesitan, quizá sea demasiado tarde cuando los Moudou ya no estén aquí, cuando no podamos cuidar de sus árboles centenarios, cuando las malas hierbas campen a sus anchas y los olivos se pierdan entre ellas.

 

Te echo de menos Fatou

 

Regreso

Querida Fatou,

Antonio ha muerto, mi hermano aquí en España, mi amigo del alma me ha dejado hace ya varios meses, a él confiaba todas mis cosas, le hablaba de ti, de mi país, de mis padres, de mis recuerdos. Tuvo un accidente cuando se le volcó el tractor con el que trabajaba encima y murió atrapado, se atrevía a meterse por unos barrancos con demasiada pendiente, Manuel y yo le advertíamos, “no metas por ahí”, él se reía y me llamaba negro miedoso, cuanto lo echo de menos, creo que no sufrió mucho.

Ahora, este mar de olivos me ahoga, cuanto te echo de menos, casi puedo ver tu figura esperándome en la puerta de tu casa para salir al campo de mijo mientras tu padre me mira vigilándome de reojo, siempre fuiste como la primera lluvia después nuestra estación seca, pero ahora no sabría cómo volver, como encontrar el camino de vuelta hacia ti. Muéstrame el mapa para volver perdonándome, quizás no en la aldea donde ahora reconozco que hubo un tiempo en que fuimos felices, quizás en otro lugar o construyendo entre los dos una nueva forma de viva para ser dichosos.

El olivar se ha vuelto gris y mis pies se hunden demasiado en una tierra que no me corresponde, nunca estuve seguro de que aquí me quisieran de verdad, por mucho que nos necesitaran. Ahora he comprendido que mi patria, el lugar al que uno pertenece, no se corresponde con el lugar dónde uno nace, tampoco dónde a uno se le proporciona el sustento, si tú me quieres, mi patria siempre serás tú, estará dónde tú estés, pues tu eres mi tierra, mi mar y mi destino.

Tu Moudou te quiere siempre, parte de vuelta.

 

 

Epilogo

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?  Luis Cernuda. Contigo

 

JMLP. Dedicado a Mi Eva.

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