328. Vareando recuerdos

Amaro

 

Aquí os dejo un retal de infancia…

Es diciembre en el calendario del campo y los olivos lucen perlas negrísimas de la mejor cosecha.

Ya es la hora en que los aperos se hermanen con las grietas de las manos y que sea el jornal, bálsamo y alivio hasta el anochecer.

Por las veredas llegan los campesinos con sus espuertas llenas, el zurrón deshilachado se confunde con el perfil ceniciento de los olivos.

Los niños de los ricos acuden al colegio, otros, soñolientos como yo, suben a la jangarilla y recorren en silencio el camino hacia otra escuela donde se aprende a ser el mejor aceitunero.

Un trozo de pan moreno con aceite, pone churretes sobre la tez quemada.

El verde va mutando conforme avanza el día y la cosecha es el seguro de muchos sueños.

Vareando los recuerdos, me veo sentado sobre los sacos compartiendo el frugal almuerzo que llevaba mi padre en la quincana. Hasta repartiendo el hambre éramos felices.

En la almazara se fue exprimiendo la vida…

Un olivar me crece desde dentro, no puedo evitarlo. Amargo sabor de luz se derrama mejilla abajo a mis casi setenta años.

Algunos lo llaman lágrimas.

 

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad