305. Desde mi raíz

Kairós.V

 

Hace siglos que mis pies de madera se hunden en esta tierra, con la terquedad de quien no sabe vivir en otro lugar. Por aquí vi pasar legiones y hambrunas, bodas con promesas y entierros sin lágrimas. Y a todos ofrecí, sin pedir nada a cambio, el mismo fruto humilde que brota de mi savia.

 

Ahora escucho el rumor del hierro acercándose, ese zumbido de la sierra que pondrá fin a mi silencio. No temo morir: nací para servir y creo que he cumplido. Pero antes de que mi sombra se apague definitivamente, quiero dejarte esta carta que no está escrita con tinta, sino con la memoria de mis anillos. 

 

Cada gota de aceite que brota de mí lleva dentro un siglo de lluvias, el vuelo de un niño entre las ramas, y el beso furtivo de dos amantes que ya no existen. No es condimento, es herencia. No es sabor, es historia líquida.

 

Si algún día te sientas a una mesa y mojas el pan en mi oro, piensa que estás bebiendo el pulso antiguo de la tierra. Y que, mientras quede un olivo en pie, la esperanza seguirá echando raíces.

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