230. Su nombre será AOVE

Ruth Fraile Huertas

 

Mi hijo se llamará Aove. Será único y excelente, sin defectos a mis ojos.

Pensé en llamarlo Monoinsaturado, pero sabía que habría una edad en la que los compañeros se reirían de él y acabarían llamándole «macaco», «gorila» o «chimpancé». A estas alturas no sé cuán fuerte va a ser su personalidad para soportarlo.

Oleico era otra posibilidad, pero, cual final de la salve rociera, nombrarlo continuamente ayudaría a preservar esa simple y absurda imagen de nuestra tierra como única de flamenco y toros.

Polifenol fue descartado inmediatamente. No sería mi vástago recordado por su carácter amargo y picante, aunque consiguiera retrasar el envejecimiento de cada una de mis células con tan solo una de sus sonrisas.

Aove era un nombre perfecto. Al fin y al cabo vería la luz exclusivamente gracias a procedimientos mecánicos, mis empujones, sería prensado en mi útero, y no superaría mi temperatura corporal.

Se me olvidaba; me presento. Me llamo Alma, Alma Zara y, dentro de muy poco, voy a ser madre.

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