231. Remedio para un alma rota
Ella caminaba sin rumbo por la ciudad. Sus zapatos de tacón dificultaban su paso por el empedrado del casco antiguo. Sentía cómo se iban formando ampollas en sus pies… nada de eso le importaba. Hacía tiempo que toda su vida había perdido el sentido… ¿Qué es un poco de dolor físico en comparación con la opresión en el pecho que tenía constantemente?
Ya había llorado todo lo que podía … solo quedaba huir… a donde fuera
Había perdido la cuenta del tiempo que estuvo caminando…la ciudad ahora estaba muy lejana… no sería capaz de volver… ni siquiera sabía dónde estaba… tampoco quería volver… no otra vez, no a esa vida, a ese lugar que tanto la atormentaba…
Había perdido todo lo que tenía, su trabajo, su dinero, su casa, su familia… se lo habían arrebatado en un instante…
Grinolle, su vecina y subjefa había aprovechado un momento de distracción y su falta de conocimiento del idioma para hacerla firmar un papel donde le cedía sus bienes… cuando notó esto decidió increparla por aprovecharse de su inocencia, pero la despiadada mujer no se inmutó… todo había sido perfectamente legal…despiadado pero legal…
Lo que siguió fue una sucesión de tragedias que se acumularon y dinamitaron todo… sin dinero no pudo hacer frente a la operación de su abuela y debió verla morir frente a sus ojos, ungir su frente con la última gota de aceite que le quedaba… el resto de su familia se alejó pues ella les había fallado… quedó desamparada. Sola.
Entonces hizo lo único que podía hacer… huir… se fue alejando de su antiguo hogar, ahora propiedad de Grinolle, tampoco podía volver a trabajar con ella… necesitaba un nuevo comienzo…
Solo se llevó consigo la ropa que tenía puesta hacía dos días y el relicario donde guardaba un mechón de pelo de su abuela junto a una foto antigua en tono sepia.
No tenía idea alguna de donde ir, pero sabía bien a donde no quería volver…
Poco a poco se fue alejando cada vez más… ahora el terreno era fangoso… lamentó solo tener tacones… frenó junto a la carretera, se retiró sus zapatos y vio sus pies ensangrentados por las horas de caminata… decidió continuar descalza, aprovechando la suavidad del barro… con suerte se infectaría, tendría una sepsis y su sufrimiento terminaría…
– ¿Necesitas ayuda? – Le preguntó un conductor que frenó al verla caminar
-No… estoy bien- Contestó con la voz quebrada
-Puedo acercarte a donde necesites… siempre que sea en esa dirección- Repuso él, señalando hacia adelante. Notó que llevaba un anillo en su dedo anular… le sonaba familiar por algún motivo
Ella había visto suficientes películas como para saber que subir al auto de un desconocido era una pésima idea… y ¿eso importaba ahora? Solo quería que su sufrimiento terminara de una vez… capaz era mejor acabar en el baúl de ese auto antes que seguir como estaba…
De pronto, el hombre se bajó del auto y la tomó por la muñeca… ella no tenía fuerzas para luchar y, sin embargo, el instinto fue más fuerte e intentó liberarse… sin éxito, claro.
Él la golpeó repetidas veces en el rostro, sin piedad alguna, antes de subirla en la parte trasera del coche y arrancar a toda velocidad…
Podía saborear la sangre en sus labios… pero seguía viva… ¿para qué?
El coche condujo 1 hora antes de detenerse… el hombre la bajó violentamente en medio del campo y la abofeteó nuevamente…
“No vuelvas a la ciudad…es la última advertencia… no te queremos allí”
Entonces comprendió todo… el anillo tan familiar, estaba a juego con el de Grinolle… debía ser su pareja o familiar…
En realidad, no entendía por qué la seguía acosando… si ya se estaba yendo del lugar… se había cansado de luchar
Quedó allí, en medio del campo, descalza, con el rostro desfigurado por los golpes, bajo la lluvia… inmóvil…esperando por fin su hora…
Suavemente tocó el relicario de su abuela…” perdón por no haber podido… perdón por no haber sido suficiente” …Cerró despacio los ojos y todo se oscureció.
-Está despertando- dijo una voz a lo lejos- señorita, estamos para ayudarla.
Abrió los ojos con cuidado para adaptarse a la luz… Se encontraba en una cama en alguna especie de cabaña rural o macía
-Lleva inconsciente una semana, no se asuste. La encontró el capataz en medio del campo y la trajo para asistirla. Tenía muchos golpes… ¿Acaso la asaltaron?
-No… no recuerdo nada- Contestó. Y era cierto… por algún motivo no podía recordar quien era ni que hacía allí… o que le había ocurrido antes
-Debe tener hambre- Comentó la mujer frente a ella- cámbiese y la esperaremos abajo con el desayuno
Ella no dudó de la amabilidad e hizo tal como le indicaron…Se bañó, se peinó y se miró al espejo: Su piel pálida y tersa era casi irreal. Su propio rostro era desconocido para ella.
Se colocó un vestido blanco que dejaron en su cama y bajó al desayunador… el aroma la embriagó… café, eso sí recordaba dijo mientras le servían una taza…
La amable mujer que la cuidó durante la semana le acercó una tostada mientras la rociaba con un líquido dorado…
-Toma… te hará bien- Le dijo- el aceite de oliva es bueno para el alma
¿Por qué no recordaba eso? Aceite de oliva… creo que en mi pueblo era muy caro, no podía pagarlo… mi pueblo… ¿de dónde era? – Pensó la joven mientras comía… hacía tiempo que no sentía algo tan gratificante… o eso creía… tenía dificultad para recordar su vida pasada
¿Dónde estoy? – Preguntó finalmente
El olivar “Paradise”- Respondió la mujer- Donde la vida continúa y es mejor… te mostraré.
La señora le mostró las plantaciones, las botellas de aceite, le presentó a otros trabajadores impecablemente vestidos de blanco a pesar de la faena que realizaban.
El lugar era maravilloso, el sol radiante, ya no sentía frío ni opresión… se sentía en paz.
Los siguientes días fluyeron de maravilla, empezó a trabajar con el resto, a una velocidad impresionante, se levantaba temprano a iniciar sus tareas y luego desayunaba el habitual café y sus tostadas… de verdad parecía mágico el efecto del aceite, era como si su mente no sintiera más preocupaciones… ¿será otra de sus propiedades? Si, definitivamente era bueno para el alma… lo curioso es que no recordaba por qué su alma estaba rota… pero sabía que era así…excepto aquí… aquí todo era perfecto.
-Buenos días señorita- Dijo el capataz-
-Buenos días señor- Contestó ella. Se quedó pensando… no sabía su nombre… no sabía el nombre de nadie- Perdón creo que no le pregunté nunca su nombre.
No importa eso… lo importante es estar aquí- le respondió el joven
Pero ella tampoco recordaba su propio nombre…
– ¿Se encuentra bien?
-No lo sé… estoy tranquila, pero… no recuerdo nada de lo que pasó antes de llegar aquí.
-A veces pasa… lo importante es estar tranquilos ¡no?
– Siento que tenía problemas y…
-y ¿por qué querría acordarse de ello?
– ¿Para solucionarlos? Porque me siento con fuerzas de hacer frente a lo que sea.
– Esa es una ilusión… los problemas hay que dejarlos atrás…
– Pero…
– No piense en lo malo. Está acá… es feliz… el aceite de oliva lo cura todo, eso aprendí. ¿Qué más podría uno querer?
Ella tenía una sensación extraña cuando se fue a dormir… al acostarse miró en el cajón de su mesa de luz y vio un colgante de plata…
Esto era mío- pensó- pero no sé por qué…
Abrió con delicadeza el relicario donde había un mechón de pelo blanco detrás del cual se observaba una foto… una mujer… la mujer que la había cuidado esta semana… ¿por qué tenía eso? ¿No era suyo el relicario?
¡Señora! ¡Señora! – Empezó a llamar mientras salía de sus aposentos.
¿Qué ocurre querida? – Dijo la mujer del relicario… definitivamente la misma persona, sí.
Tenía esto entre mis cosas- dijo enseñando el relicario, la foto y el mechón- Pero es usted.
La mujer suspiró- Siempre fuiste muy perspicaz, querida … Si, soy yo… y ese pelo blanco también es mío…
La joven no entendía nada de lo que oía… la mujer tendría como mucho unos 40 años y por más que tuviera un aire familiar… el mechón encanecido probablemente pertenecía a alguien mayor… a…
¿Abuela? – De pronto recordó aquello que había olvidado el último tiempo
Lo siento, no quería que fuese tanta información para ti
Pero… estás…
Sí, y eso no fue tu culpa, necesitas dejar de culparte por aquello que te excede. Hiciste lo que pudiste
¿Pero cómo es posible que estés aquí? Joven…y- finalmente las piezas encajaron. Su ropa blanca que no se ensuciaba, su rostro con piel tersa luego de los golpes recibidos, la inexplicable sensación de paz… el aceite que era bueno para… el alma…
-La vida terrenal no suele ser justa, querida mía… pero este lugar es distinto… acá se puede seguir adelante… ese mundo no es el final, es el infierno antes de llegar acá… a Paradise…



