212. Herencia cultivada
Al llegar al final de aquella empinada colina pudimos ver en la parte de abajo ese espectáculo genial que parece más una hermosa alfombra verde que un valle lleno de olivos, cuando bajamos se veían uno tras otro convertidos en miles, haciendo de la autopista un camino verdaderamente ameno, ese paisaje me llevó de inmediato a la casa de mi abuelo.
En aquella casa todo tenía un olor especifico, sobre todo la cocina, ver a mi abuela cocinando junto a mis tías fue un regalo heredado que se quedó en mi para siempre. Empecé desde muy chico a identificar todos los implementos de la cocina y para que servían, veía un frasco verde que utilizaban mucho y como era muy pequeño no entendía nada, ni para que servía, solo observaba que a la hora de la comida el frasco siempre estaba allí, lo llevaban al comedor, mis tíos y mi abuelo le agregaban ese líquido de un amarillo brillante a casi todo lo que comían.
A medida que fui creciendo y teniendo más acceso a la cocina, me enteré que en ese frasco verde empacaban el aceite de oliva extra virgen que mi abuelo fabricaba con los olivos que cultivaba, era un proceso complejo, pero para él ya era algo rutinario, había plantado olivos y fabricado aceite desde que era niño y él también lo aprendió de su padre y se lo enseño a un par de tíos míos ya que a mi papa nunca le llamó la atención el campo, él se volvió más un tipo citadino que rural, por eso nosotros vivimos en la ciudad y no aquí.
Las llegadas a casa del abuelo siempre eran una fiesta, por lo general eran en junio y en diciembre, se reunía toda la familia, mis dos tíos, mis dos tías, mi papá, y mucha otra familia que ni siquiera conocía, la manada completa como decía mi abuelo, además de casi una veintena de primos, mi hermana, yo y mucha gente que entraba y salía de la casa, no sé dónde cabía tanta gente en esa casa.
Los diciembres eran algo sin igual, el ambiente tenía ese aroma decembrino, ameno, relajado, iluminado y festivo, mis papás se alegraban muchísimo ya que ellos se casaron precisamente un diciembre y eso significaba un año más juntos y lo celebrábamos en familia, que las bodas de bronce, que las de plata y hace poco las de oro, me alegra que sean felices, esa es otra historia, para otro relato.
La cocina era el eje central de todo, ahí charlaban, cocinaban, bebían y se divertían, preparaban todo tipo de comidas, mataban un cerdo y sacaban todo tipo de delicias, morcilla, chorizos, rellenaban el cerdo de tal forma que quedaba repleto, hinchado de toda la mezcla de cosas que lo hacían el rey de la mesa. La actividad en la cocina y en la casa era intensa, había niños de variadas edades, pero teníamos un grupito de primos con los que siempre solía tratar, éramos traviesos y revoltosos, muchas veces íbamos a jugar a la plantación y allí nos perdíamos por horas enteras jugando al escondite, hay olivos de formas curiosas, gordos, flacos, altos, bajos, robustos, son como los humanos, yo creo que hasta hablan entre ellos. En medio de esos juegos infantiles me fui enamorando de una prima, Jenny Mireya, era la más bonita de las primas, de ojos verdes y dientes perfectos, me gustaba mucho. Yo ya tenía como 11 años y empezaba a entender las cosas de los hombres, aprendí a bailar y lo hago bien, eso les gustaba a mis primas bailaba con todas en especial con Jenny que como un mal presagio para mí vida se fijó en otro niño y yo como en la mayoría de relaciones con mujeres durante estos años tuve que ver como se iban de mí lado, quedando solo como ahora, como siempre.
La familia casi por entero se dedicó al negocio del aceite de oliva y nos ha ido muy bien.
Mi papá fue el único de los hijos de mi abuelo que fue a la universidad, estudio economía y pronto se unió al negocio familiar, pero desde la parte administrativa, mis tíos y mi abuelo se encargaban de todo lo concerniente al cultivo de los olivos y su posterior transformación en aceite de oliva, la empresa la empezaron con poco, mi abuelo heredó el terreno, el cultivo y el conocimiento sobre la fabricación del aceite, a medida que mis tíos fueron creciendo él los introdujo en el mundo de los olivos y todo lo relacionado con la fabricación del aceite, ellos estuvieron muy receptivos al aprendizaje y se volvieron expertos a muy corta edad llegando a mejorar los procesos y a establecer una marca propia que se ha vuelto legendaria.
Yo por mi parte me he dedicado al arte culinario, a través de mi padre fui a estudiar cocina en Francia y he logrado un gran éxito preparando recetas con aceite de oliva, asimismo uno de mis sobrinos que vive en Estados Unidos tuvo la grandiosa idea de hacer viajes gastronómicos visitando el cultivo de olivos, aprendiendo su significado para el mediterráneo y haciendo recorridos históricos, resulta que el emprendimiento tuvo gran acogida en el público norteamericano y nos hemos vuelto muy conocidos en todo el mundo.
La empresa se ha vuelto como una colmena comercial en la cual trabajamos muchas personas, donde la interacción entre todos es la fuente del éxito, siempre cuidando la reina de dicha colmena que es la plantación de olivos, esa misma plantación que tanto cuidaba mi abuelo y que hoy se ha extendido a más de 10 veces su tamaño original y que desgraciadamente él ya no puede ver, porque murió. Si, el abuelo murió hace ya un año y por eso estamos todos aquí hoy. Hoy se cumple el primer año de la partida de don Pablo como le decían casi todos por aquí, ha sido algo realmente trágico, las cosas no vienen tan bien desde que él murió, para algunas personas de la familia no ha sido tan fácil, mi tía Leonor está coma y coma como en una competencia y está a punto de estallar, ya su obesidad no se oculta con su altura, ahora parece más un luchador que una mujer de 45.
Mi tío Jorge parece un Edgar Allan Poe moderno, se la pasa ebrio día y noche y bebe por días enteros, si sigue así no creo que dure mucho. A mí me dieron dos días de permiso en el centro de rehabilitación donde me encuentro pues tuve un reciente intento de suicidio y ando con el coco rallado, espero ir a la misa, visitar a la abuela y estar en familia este poco tiempo.
Mi papá es el único que conserva un poco de cordura, él y su muy conocida gallardía han sabido afrontar la pérdida del abuelo de manera estoica, y de esa misma forma ha podido llevar la empresa en sus hombros y consolar a mi abuela que quedó devastada. Quien iba a pensar que esta casa antaño alegre, viva, llena de colores y esperanzas, ahora este oscura y callada, como si el espíritu se le hubiera ido, como si también hubiera muerto.
Al final la vida sigue, la familia sabe recomponerse y de a poco cada uno va tomando las riendas de su vida, después de despedirnos cada uno tomó su propio destino, mi tía se hizo un bypass y ha dejado de comer como loca, mi tío Jorge ahora asiste a AA. lleva sobrio algunos meses, mi otro tío y mi papá se encargan del negocio y lo mantienen vivo, hoy somos los mismos, pero sin el abuelo, yo recuperé la razón y me metí de lleno otra vez al negocio restaurantero, ahora mismo tengo dos restaurantes temáticos enfocados siempre en el aceite de oliva, enseñando a mis comensales sobre sus diferentes usos, sus bondades y el beneficio que trae al cuerpo humano el consumo del aceite de oliva.
La mejor herencia que obtuvimos del abuelo es precisamente todo el conocimiento sobre los olivos, él fue uno de los hombres que más sabía sobre el tema, le encantaba estar inmerso en conversaciones sobre la comida, sobre el cultivo del olivo y también sobre vinos, siempre tenía en la mesa una botella de un buen vino al lado por supuesto del infaltable frasco con aceite de oliva.
A pesar que ya no está su legado sigue más vivo que nunca, ahora viene una nueva generación con un par de sobrinos que a su corta edad ya dan muestras de que van ser los próximos jefes del olivo, les gusta mucho estar en el cultivo y en la fábrica, como mi tío se mudó a la casa del abuelo, ellos se han convertido en los nuevos prospectos para continuar con el negocio y así seguir con este bello arte de fabricar aceite de oliva, la empresa con mi papá al mando va muy bien y cada día trabajamos duro para que mi abuelo desde el cielo se sienta orgulloso de lo que hacemos y de la importancia de la unión familiar, Gracias abuelo.



