209. Desde lo alto

Diego J. Barrionuevo

 

Hace años perdí la cuenta del tiempo que llevo aquí. Al principio éramos solo unos cuantos y todos nos conocíamos. Ahora este campo está lleno de olivos. Yo ya tengo muchos años y soy tan viejo como sabio. Los árboles más nuevos no se parecen a mí, aún son rectos y delgados. No tienen el tronco ancho y retorcido de esquivar al viento que juega a despeinar mis ramas. Hemos sido plantados durante años formando hileras que hipnotizan al viajero. Desde aquí veo casas que antes no había. Gente sencilla, amable y trabajadora. Unos nacieron aquí, otros llegaron y se quedaron, algunos ya no están. A muchos los vi crecer y han sabido cuidarme. Llegado el envero, varean mis ramas año tras año. La aceituna, el camino a la almazara, el aceite. El tiempo cambia a las personas, las herramientas, incluso el paisaje. Yo humildemente os daré mi riqueza, a cambio de luz y un poco de agua. Bajo el sol del verano y el frío azul del invierno. Os habla un olivo viejo, a través de la vida.

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