197. Un pedazo de memoria

Lina Conejero Jarque

No recordaba su nombre ni el rostro reflejado en el espejo, apenas reconocía como propias las manos que estaban bajo el grifo; arrugas y manchas testificaban muchos años de trabajo y exposición al sol. Cogió el pedazo de jabón, cortado en un rectángulo irregular, blanco y escurridizo, y sintió la suavidad de su tacto al contacto con la piel. Miró hacia el frente y vio a una joven de veinte años que una tarde de otoño compartía con su madre la tarea de mezclar el aceite desechado con la sosa disuelta en agua. “Sé como el aceite, hija, que no se cansa de ser provechoso, hasta cuando ya no sirve en la cocina y lo despreciamos es capaz de limpiar nuestra ropa, nuestro cuerpo y hasta nuestro corazón”.

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