190. El legado de tu fuerza vital

Queen

 

No olvidaré el gesto sencillo pero profundo de mi abuelo, un detalle que para él tal vez no trascendió, pero que para mí fue algo único. De todo el olivar, decidió regalarme aquel olivo, el que encabezaba el cultivo y destacaba entre los demás.

Desde entonces, ese olivo se convirtió en mi compañero y maestro. Lo recuerdo desde niño, cuando terminaba las labores y descansaba en la base de su tronco. Admiraba su fortaleza, creciendo en un entorno tan rudo, desde el suelo aparentemente estéril, hasta el abrazo implacable del sol.

Siempre me llenó de alegría verte florecer, pero el tiempo ha pasado mermando tus cosechas. No porque seas viejo – pues estoy seguro vivirás muchos años más que yo -, sino porque el clima está transformándose tan rápido que te está dejando sin la posibilidad de adaptarte.

El cambio llega cada vez más fuerte, pero tomaré tu herencia para migrar juntos a una región benigna que nos permita seguir con este sueño. Con tus mejores frutos y estacas, preservaré tu espíritu. Encontraré el lugar donde podamos renacer, en tu memoria y la de mi abuelo.

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