186. Trabajo o contemplo

Edelate

 

Tiempo ha, Tertulio y Policarpo buscaban su primer trabajo…

 

– ¿Y cómo sería la tarea en ese puesto que ofrece?  -me preguntó el primero.

– Les haré una breve introducción: hacen caer las aceitunas del árbol, las recogen luego del suelo y las depositan en unas cajas que han de llevarse a la almazara para convertirlas en aceite –expliqué.

– Aclare ese sube y baja, porque presumo un trajín tan agitado que puede causar vahídos –argumentó Policarpo.

– Es una cuestión anatómica… Cuando las coge del árbol, estira el cuerpo, y cuando las recoge del suelo, lo encoge. Y, claro, en ambos casos se suda pues son posturas cansinas.

 

Ante tan cruel tesitura, Policarpo ahuecó el ala para dedicarse a labores donde la astuta dicción priva sobre toda acción. Es decir, a la política

Y Tertulio encontró una función aún más regalada: se especializó en discutir de cosas humanas y divinas. Es decir, se convirtió en tertuliano.

Y ¡oh sorpresa! los ingresos de ambos les evitaron penurias como las que viene sufriendo quien este relato suscribe, un olivarero andaluz que con dificultad sobrevive

 

 

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