181. Colores de la memoria

Simone C. Agripa

 

Sabe que no hay otro final posible, y aun así quiere gritar que esperen un poco a que el sol se alce y adquiera el amarillo rotundo que tanto ama, el color del aceite que desayunó por última vez antes de que lo prendieran, derramado sobre un pan como pronto lo estará su sangre en la tierra natal.

Aún puede notarlo, poderoso y fértil, en su boca golpeada, allí, rodeado del verde querido, sostenido por olivos mudos que quisieran ser también ciegos. Hubiera deseado, como último capricho, no anotar unos versos finales de despedida, sino un poco más de ese jugo patrio, un metal líquido que le daría la vida antes de que otro, más duro, se la arrebatara.

Algún día, con suerte, quienes paseen por esos barrancos en busca de un bocado de oro encontrarán en los colores eternos un retazo de su memoria.

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