177. Echar la oliva

Elena Vallarte

 

Se criaron en la guerra, entre espartos y algarrobas. Las faldas remangadas, el pelo blanco, la piel curtida. Agachadas frente a un poyete, golpe a golpe con la madera, con tino parten las olivas.

A la garrafa con tomillo, sal y ajedrea. En unas semanas, no bastaban los días, llamarían al grito de:

¡Venga nenica,  que ya están las olivas!

Ellas nos enseñaron la tradición de nuestras tierras. Mollar, picual, enteras o partías. Sean de Jaén, de Cieza, o de Sevilla, qué buenas que están las olivicas, a cualquier hora del día.

Homenaje a esas mujeres que, al salir de las fronteras, los envidiosos les decían con sorna:

“De Cieza, ni las olivas”.

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