155. Bocato di cardinale

Fabricio Castillo González

Se comía las aceitunas como si se tratase de las uvas de Fin de Año. Apenas dejaba tiempo de deglutir una cuando la siguiente ya estaba rozando sus labios. Era tal la fruición que mostraba, que temía que se le atragantasen por la rapidez con que actuaba.

Solía comprar los botes de aceituna en los supermercados tradicionales, pero un día le dije que le traería unas cuantas garrafas de las de mi pueblo, el principal productor de aceitunas de mesa del mundo, con un volumen de producción de setenta millones de kilos anuales.

Tanto le gustaron, que le comenté que deberíamos dar un paso más hacia adelante: le llevaría un par de botes de aceitunas preparadas por un amigo mío en su casa.

-¿Qué tal estas últimas, las caseras?

-Bocato di cardinale.

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