109. Bala VS aceituna

Genaro Jesús Ruiz Torres

 

El frío recorría lentamente su cuerpo, como si de un caracol se tratase que con su baba humedeciera perezosamente cada uno de sus huesos. Aquel marzo desprendía un hedor a pobreza, odio, e incertidumbre, y a su vez,  a reencuentros y alegría por la vuelta a casa.

A cada paso que daba, su olfato se afinaba permitíéndole atisbar el olor del alpechín que se introducía lentamente en la nariz, hasta que sin darse cuenta, los olivos le rodearon, aquellos olivos que durante toda su existencia había arado, cortado, chuponado, y vareado, anhelando que de nuevo, en el futuro, este siguiera siendo su sustento y le hiciese hacer olvidar aquel horrible episodio.

Una aceituna negra con piel brillante e intacta se exhibía ante sus pies, se agachó, y en ese instante una bala se incrustó en la goma de una de las botas que llevaba al hombro; comenzó a correr desesperadamente diciéndose a sí mismo que ahora no, que después de lo que había pasado durante tanto tiempo, no era momento de morir.

Tras transitar caminos inciertos, logró llegar a casa, donde pudo abrazar a su madre, sin dejar de apretar con fuerza aquella espléndida aceituna que le salvo la vida.

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