70. A la izquierda del esternón

Joaquín Ortiz Ortiz

 

Bien sabe Dios que no le escribo para asustarle, sino para que entienda que el corazón de mi marido le va a poner sus certezas patas arriba.

No se extrañe si, cuando salga del hospital, los olivos arrancados le duelen en el mismo sitio en el que duelen los hijos; él nunca hizo esas distinciones.

Quiero que sepa que mi marido late dentro de usted porque se le gastó la resignación cuando le expropiaron, y porque  cuando  le arrancaron los olivos para poner placas solares, no solo le arrancaron el pasado, sino   el  corazón  que ahora está dentro de  su pecho.

Le advierto de que mi marido se fue con tanto dolor, que sus latidos le van a infectar su sangre de burócrata con los mismos cristales que sus decisiones infectaron nuestros olivos.

No quiero amedrentarlo, pero le aviso que cuando la cólera de mi marido le dé vueltas por el cuerpo, no solo le van a salir astillas a sus certezas de despacho, sino que, cuando vea los olivares invadidos por ejércitos de espejos, el corazón nuevo se le va a rizar tanto que le va a doler mucho, mucho más que el viejo.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad