49. El olivo amante

Fxjorge

 

Sí, lo confieso señor juez.

Era de noche. Y ella no estaba. Y yo, yo recorrí el camino por donde siempre paseábamos juntos. No la encontré.

El viento se la llevo, no sé. Tal vez la oscuridad la disolvió.

Recorrí la aldea y el olivar. Pregunté al cielo y no me contestó. Grité al vacío y el eco enmudeció.

Solamente vi una luz en lo alto de un árbol. Pensé que era ella, porque ella era radiante de día y mucho más al anochecer. Y salí corriendo y la alcancé.

Y trepé para besarla. El resplandor de la luna entre las ramas me confundió. Noté un áspero roce en la piel, pero no me asusté, pensé que el frío de la noche la hacía inerte.

Pero no me besaba y eso me extrañó. Aunque me abrazaba con múltiples brazos a la vez que grité de dolor.

Oí a lo lejos que me llamaban “loco” y me hicieron bajar y agarraron entre tres.

¿Por qué? No lo sé señor juez.

Me dijeron que por un olivo enloquecí.

Pero, ¿qué mal hice besando a un árbol?

¡Si yo, yo solo quería abrazar a esa mujer!

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