32. De fuego

Vorágine

 

En ese año 2036, los olivares lo adornaban todo, su verdor era elocuente y las aceitunas, con todos los tonos del verde al lila, hasta a las hadas hacían voltear y detenerse, para admirarlas. Algunas hadas, vivían ahí, en Mexicalzingo. Habían horadado sus casas bajo múltiples olivos y construido sus estancias bajo el enjambre de las raíces. Otras hadas vivían en los árboles que rodeaban esos sembradíos, hicieron nidos en los troncos, en esas cuevitas construyeron sus hermosas fincas, relucientes, magníficas.

Era un ruido tempestuoso; la sonoridad acusaba tormenta, la tempestad se produjo: ¡Pero de fuego!, formaba un cono inmenso, tenía la base en el olivar de Elio y la punta señalando el cielo.

Ese ruidero atronador hizo que Elio recordara un sueño que tuvo unas noches atrás cuando despertó amedrentado y su mujer calmándolo lo hizo volver a dormir; al rato, fue ella quien despertó, asustada, temblorosa y asegurando que en la recámara estaban unos hombres altísimos vestidos con trajes plateados que los miraban. Fue un sueño premonitorio.

Desde el caserío se veían los olivares no sólo cercados de llamas, sino ardiendo en tempestad de lumbre infernal cuyo calor les llegaba, los humos los cegaban decidieron: ¡Huyamos! y ayudando a los viejos y cargando a los bebés, huyeron en coches, en camiones, y hasta en carcachas; se fueron alejando de aquella hoguera que arrasaba con todas las hectáreas en las cuales los olivos crecían lozanos.

El ejército con avionetas cargadas de arena para sobrevolar el gigantesco incendio haría llover gravas que sofocarían las llamaradas que ascendían a kilómetros de altura, pero no pudieron llegar a aquel cono de lumbre que giraba y caminaba como si miles de demonios estuvieran girándolo en círculos concéntricos para incendiar todos los olivares, el humo habría saturado los motores, inutilizándolos.

El incendio duró tres días, llenando de humos toda la región; muchos ciudadanos ofrecieran ayuda desinteresada y noble; nada se pudo hacer, aquel incendio era raro, parecía no ser de este mundo… simulaba ser infernal.

No quedó nada, ni olivares ni almazaras ni bodegas ni embotelladoras ni viviendas cercanas; todo se quemó, en cenizas se convirtió el campo, la polvareda de residuos amenazaba con invadir los pulmones y taponear los alveolos, pero los auxilios llegaron prestos, otras avionetas, cuando el incendio apagó, regaron millones de galones de agua para sofocar las oleadas de cenizas, que podrían matar a todos los habitantes de aquel antes próspero lugar.

Las hadas que vivían en el subsuelo de los olivares, también huyeron apresuradas; en cuanto percibieron un calentamiento desacostumbrado, irreal, salieron volando, sin importarles sus pertenencias; hacia donde se percibía el horizonte y en barullo y sorpresa, aleteando alarmadas, llegaron a buscar refugio con sus primas, las que vivían en los troncos de los izotes, que rodeaban los olivares.

Todo se convirtió en muerte, la zona de negrura era un cementerio que albergaba cientos de variedades vegetales y animales: Se acabaron abejas, gusanos, mariposas y colibríes, conejos… murieron los olivares y con ellos la romerilla, el lentisco y los cardos que los cercaban.

Para que el olivar esté sano, la tierra debe estar húmeda. Elio mismo veía a una bandada de autillos volar, iban a buscar caza nocturna, para regresar con los buches llenos y regurgitar el desayuno en los picos de sus polluelos, entonces Elio vio una tormenta al revés, en vez de caer agua del cielo, fue la tierra la que abrió una bocaza por la cual el fuego se salió; fue, como si el infierno brotara, como si quisiera escaparse del centro mismo del planeta Tierra.

No sólo lo miró Elio, estaba ese fuego bien captado por muchísimos celulares que lo fotografiaron en el momento de su comienzo, y también cuando abundaba, cuando se extendía llenando de luz roja todo el horizonte; lo captaron en muchas tomas; les llamó la atención esa columna de fuego que tenía su base inmensa en forma de cono, que se iba haciendo delgada girando, y terminaba en su punta roja, amarilla y naranjadiza. Esa columna giratoria está captada, algunos de esos videos darán la vuelta al mundo, estarán publicados en toda noticia y en toda red social.

¿Cómo fue que se inició tantísima destrucción? porque bien se sabe que los infiernos no están aquí en la Tierra, esos tienen otra dimensión, no se sabe en dónde los colocó la naturaleza. Se compara con un infierno, fuego infernal que de pronto brotó. Vorágine que caminaba comunicando su tórrido calor por todo el olivar; remolino de lumbre, torbellino llameante, tornado de fuego.

 

Apagado el incendio, fueron a los olivares, llegaron a sus almazaras, protegidos por caretas con filtro para respirar y trajes por donde no podría ningún humo o ceniza entrar; fueron muchos los que quisieron mirar y comprobar que la desgracia aquella, que ese vendaval salido de las entrañas de la tierra les había quitado toda seguridad, porvenir y felicidad.

Fueron a meter las botas en la renegrida ceniza y después de recorrer muchas hectáreas, llegaron a donde las coordenadas les indicaban que había nacido aquel tornado de fuego… ahí, en el olivar de Elio, fueron a llorar y a esperar que los especialistas llegaran con el equipo de punta para remover todo aquello, para excavar en las cenizas y poder comprobar que de ese hoyo rugiente, había salido el horror del averno.

Con maquinaria pesada comenzaron a horadar, no llegaron muy hondo… tan sólo tres metros bajo ceniza, estaba el productor de aquel maremágnum encendedor. Era un artefacto pulido, una astronave enorme que en su interior tenía quince entes de una especie diferente a la humana y estaban dormidos. El cohete estaba cerrado, pero por las ventanillas, se miraban los quince entes acostados y ¿dormidos o letárgicos?

Los entes de tal cohete eran altísimos, con cuatro extremidades y una cabeza. No se les notaban las facciones porque estaban metidas en escafandras transparentes, pero no del todo.

Llegaron los científicos extranjeros y a los dueños de aquellas tierras los hicieron retirar, los hicieron abandonar la zona porque no eran técnicos en semejante actividad; no podrían investigar; se quedó aquella tierra acordonada. Decenas de extranjeros llegaron a mirar, a analizar, a decirles: No estorben; salgan de aquí en este momento.

Los extraterrestres comenzaron a reaccionar, a incorporarse, a salir de aquel cilindro volador y a dirigir sus ¿armas? hacia los humanos científicos azorados, que lo único que querían era dialogar.

Los extraños estaban vestidos con trajes plateados, esas telas eran repelentes a las llamas.

Elio no miró caer esa nave, nunca la vio descender, quizá la nave ya estaba ahí escondida, bajo sus olivares, debajo de las raíces de los aceitunos, antes de que el terrateniente llegara por ahí; Elio nunca la vio llegar. Fue de repente que brotó el fuego, las primeras llamaradas salieron de esa nave extra espacial, que quizás haya llegado algunos días atrás, o se haya escondido en el subsuelo del olivar de Elio, por años.

Tampoco las hadas, las que vivían bajo los frondosos árboles, miraron nada, era como si en un de repente se hubiera enterrado la nave, y en otro de repente hubiera incendiado el lugar.

Comenzaron las noticias a publicarse y los terrícolas a ponerse muy nerviosos porque nadie podía comunicarse con aquellos seres y tenían prohibido atacarlos. El Consejo de Científicos Unidos prohibió el acercamiento con armas ya que lo que se pretendía era la amistad con el intercambio de conocimientos. Sólo podrían estudiarlos, pero ¿Con cuáles parámetros? ¿Cómo se puede estudiar lo que se desconoce por completo? Tanto los científicos como los cultivadores tenían la misma evidencia: Nave plateada que escupe fuego. Seres metidos en trajes plateados que soportaron encima un fuego infernal por espacio de 36 horas. Eso, era lo evidente, lo que todos sabían y los científicos no averiguaban aún, nada más.

De aquella nave comenzaron a salir ocho horas después de haber sido encontrados; se irguieron ante los científicos portando lo que quizá fueran armas. Los doblaban en estatura y caminaban con precisión. Un humano de esas dimensiones, no tiene estabilidad, es un gigante que no logra el equilibrio, pero ellos caminaban a paso fijo. Sus zapatos eran enormes y sus vocerrones atronaban el ambiente. Fueron grabados para tratar de descubrir el código de su lenguaje y había cientos de lingüistas de todo el mundo tratando de dar con la clave de su idioma. Era lo más urgente: Poderse comunicar.

Científicos mexicanos comenzaron a lanzarles luces con mensajes en código binario y los visitantes empezaron a reír y a quedarse sentados en el suelo, mientras miraban tales rayos proyectados en una lona gigantesca. Fue muy buena idea porque ellos, muy contentos, se decidieron a contestar. La clave era muy sencilla, eran sólo los números del cero al diez, ilustrados con imágenes de ellos mismos, de esos seres plateados, retratados y numerados. Entre carcajadas de visitantes y risas de científicos terrestres, comenzó la conversación, a dar fruto inteligible. Los extraterrestres se numeraban a sí mismos y los científicos terrestres también.

Las damas terrícolas científicas, tuvieron una buena idea: Ofrecerles comida porque todo ser, debe comer, y llevando hasta la zona platillos de aroma exquisito, guisados y sazonados con el dorado liquido llamado aceite de oliva.

En lenguaje de señas, código universal, contestaron los visitantes que no se quitarían sus cascos porque la Tierra presentaba en sus aires minúsculas moléculas que contenían un veneno llamado argón, que no podrían respirar so pena de morir. Pero aceptaron la comida, la llevaron a su nave y ahí, lejos del argón, la degustaron plenamente.

Los terrestres se dieron cuenta que las palabras “sí” y “no”, en lenguaje de señas no solamente son iguales en todo el orbe terrestre sino también en el del cosmos porque se dicemoviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás; se dice no moviéndola a derecha e izquierda. ¡Los estelares, hacían lo mismo! Sí y no, en lenguaje de señas son idénticos.

Así llegó la tranquilidad, si ellos atacaban, bien podrían los terrestres vencerlos haciéndoles abandonar sus cascos. Ellos mismo les habían dado la clave para poder defenderse: les darían a respirar argón.

Más pronto de lo que se esperaba, los extraterrestres aprendieron el intelectual Código Binario, la conversación surgió plena y magna.

Los científicos preguntaron:

–¿Por qué incendiaron los viñedos?

La respuesta fue:

–Nuestra nave atrajo calor. No fue un acto voluntario.

 

Se construyó una plancha de cemento armado que impedirían que un nuevo incendio se produjera.

Las hadas también estaban enteradas; es bien sabido que ellas contemplan a los humanos, entienden todos los idiomas del mundo y saben de ciencia, técnica, arte y deporte lo mismo que los especialistas en cada materia. Son privilegiadas en conocimientos y saben algo que los humanos no conocen: saben y producen magia.

 

¿Para qué habían venido los extraterrestres? ¿De dónde procedían?

Hacía tan sólo diez años terráqueos que en otro brazo de la Vía Láctea, un científico descubrió la fórmula matemática para cruzar los abismos espaciales en un mínimo de tiempo; primero fue desdeñada con burlas, pero Rotceh, el científico, insistió en que se le diera, no sólo credibilidad, sino también que se le financiara un proyecto para viajar, en un mínimo de tiempo hacia alguno de los cercanos tres satélites que a su planeta, Mollaria, circundaban. Mollaria era el cuarto de los cinco planetas que se trasladaban alrededor del Sistema Binario Lipjere, compuesto por Lip y por Jere dos estrellas verdes menores que en gemelidad deban vueltas la una sobre la otra.

Epria, era novia y consejera de Rotceh; con ese sentido de la realidad que toda mujer posee, fue guiando al científico hasta que Nosfloa, otro sabio astrónomo molecular, haciendo a un lado su envidia por no haber descubierto él mismo ese plan de traslado a nivel atómico, lo apoyó y comenzó a estudiar con él para poder darse perfecta cuenta de que los descubrimientos de Rotceh era viables, ciertos y evidentes. Ya entre tres, se allegaron a la mejor Universidad de Mollaria la cual apoyando el proyecto, consiguió patrocinadores para enviar a cuatro expertos astronautas hacia uno de los satélites, Tranó, el más grande.

Una vez a bordo de la nave espacial, los cuatro expertos se colocaron, en las cunas interiores, amarrados a ellas y dieron la voz de listos para que los científicos de tierra los lanzaran a la inmensidad… de la incertidumbre. Llegaron al satélite en ocho segundos, plantaron las banderas de sus respectivos países, tomaron múltiples fotografías y volvieron a abordar, llegando a Mollaria treinta minutos después de haber salido.

El éxito fue sorpresivo y… espeluznante ni la ciencia misma podía asimilar tal descubrimiento que hacía que la inmensidad se comprimiera en un espacio minúsculo y que los átomos que estaban inmersos en él, casi no se movilizaran sino que aparecieran en un espacio determinado y después en otro muy distante.

Ahora a Rotceh y a todos los demás mollarianos, les esperaban los viajes espaciales para investigar y vacacionar.

Como los mollarianos eran personas intelectuales a quienes les agradaban los descubrimientos, comenzaron a investigar algo que a todos interesaba: ¿Habría vida pensante en algún lugar? Localizaron a la Tierra, el tercer planeta de un sistema de ocho, con una sola estrella en su centro, con miles de asteroides en dos cinturones, con cientos de satélites y con una capa de polvo y restos de una explosión en su rededor, cubriendo a todo el sistema como un capelo: La Nube de Oort.

La intensión de los mollarianos era venir a la Tierra a investigar el por qué, los terrícolas son guerrilleros; por qué, teniendo lenguaje no se entienden entre sí y se atacan derramando sangre. Lo vislumbraban porque hicieron exhaustivos estudios de psicología, psiquiatría y neurología; llegaron a la conclusión de que el humano trae en su genética dos emociones: amar a su prójimo y, atacar a su prójimo. También sabían que, en algunos humanos el atacar era ineludible y en otros, en la mayoría, el amor triunfaba. Fue por eso que escogieron llegar a la Tierra en una zona pacífica en donde el ataque a otros pueblos no se hubiera producido nunca, y en Mexicaltzingo  esa verdad estaba; Mexicaltzingo  nunca atacó, y esa historia fue la que los  mollarianos tomaron en cuenta para llegar a la zona, en donde las personas se dedicaban a sacar exquisitos frutos de la tierra y esos frutos los convertían en bebidas alimenticias, pintadas de oro que hacían sonreír y hasta reír a carcajadas a cualquiera que las consumiera; líquidos algunos dulzones y otras algo ácidos, que al paladar agradaban y al sentido del olfato satisfacían en pleno.

Los mollarianos no sólo querían visitar la Tierra y estudiar el carácter guerreril de sus habitantes, también quería probar esa bebida, ese líquido a veces naranjino, o amarillo y las más de las veces dorado, sacado de unas frutillas llamadas aceitunas.

Lo que no sabían los mollarianos era que su nave atraía el calor y era tanto, que incendiaba cualquier lugar. Queriendo probar los espíritus de las aceitunas, habían provocado que sus padres, los olivos, productores de ese preciado néctar alimenticio, sabroso y medicinal, fueran exterminados por su incendio.

Los mollarianos prometieron pagar por el desastre causado, pero no sabían qué moneda usar, además no llevaban consigo riqueza alguna. Se llegó a la conclusión de que el oro, era la mejor moneda y que deberían localizar alguna fuente del auro metal en algún rincón del espacio y traerlo para remediar el daño.

Fue localizado, en la vecindad de la vía Láctea, un aeroauro gigantesco, un meteoro de oro puro. Los mollarianos, enviaron la fuerza necesaria para desviar tal piedra dorada y atraerla hacia el planeta Tierra; aquella inmensidad, más grande que el monte Éverest… llegaría en veinte minutos… era un regalo que enriquecería a todos los siete mil millones de terrícolas…

¡Los mataría! mataría a toda especie sobre la Tierra.

Los científicos terrestres alarmados les comunicaban a los extraterrestres que era una mala idea, que no atrajeran a aquel bólido pero… ya estaba hecho, el oro puro se dirigía a la Tierra… ¡Desvíenlo, por favor, desvíenlo! suplicaban en código binario los científicos, y los astronautas, sin poder comprender tales desesperaciones, sólo sonreían y hasta se carcajeaban sin poder comprender que una colisión de tal naturaleza, acabaría con el planeta Tierra.

Llegaron las hadas; ellas comprenden el habla de todo el universo; se presentaron ante los extraterrestres haciendo uso de su magia, convertidas en lindas mujeres con alas.

Fue tan sorpresiva la presencia de esas bellezas que los astronautas no tuvieron más remedio que escucharlas; ellas, regañándolos les comentaron que los choques de cuerpos espaciales son destructivos. Tres minutos antes de que el bólido dorado llegara a la Nube de Oort, fue parado su viaje, desviado hacia la índiga inmensidad en donde se perdió en su destino solitario.

Ante el peligro inminente de que los incendios y los desaciertos de los mollarianos pudieran volver a ocurrir, les rogaron que se fueran, accedieron; pidieron a cambio semillas de olivas para llevarlas a su planeta a sembrar. Se les proporcionaron muchas de Mexicalcingo. y también olivos recién plantados, esqueje de los múltiples tipos almacenados, y semillas variadas de todo el país llamado México, en donde los aceites de olivo son el néctar de los mejores paladares.

Los olivares incendiados, ya volvieron a brotar.

El aceite de olivo es el néctar que cruzó las fronteras del espacio interestelar. Los brotes de esas semillas mágicas están ahora a quién sabe cuántos años luz de distancia, dando gusto a los paladares de los nobles degustadores de por el otro lado de la galaxia.

Hace siete años, en 2036, que eso ocurrió y los olivares de Mexicaltzingo son ahora, en el año 2043, mucho más productivos. Tienen aceitunas inmejorables; no hay otras en la Tierra iguales. Tal parece que el fuego venido del más allá, mejoró las tierras con elementos mágicos e insuperables.

 

MORALEJA. Son las palabras las que nos atraen amistades y evitan las guerras. Las palabras pueden ser orales, escritas con clave, o en señas.

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