11. Recuerdos de Judea

Hipatia

 

Una luna hecha de lágrimas me seguía los pasos, tan asustada como yo de los hechos terribles que me esperabas unas horas más tarde.

En el huerto donde me hallaba, solo había paz y olivos pero, por el camino que subía de la ciudad, se acercaban mis enemigos con antorchas y  espadas.

Los viejos olivos son sabios compañeros.

En sus troncos están escritas todas las palabras de la vida.

Saben escuchar, y te hablan con un silencio sagrado.

Yo busqué consuelo a su lado mi noche más dolorosa.

A su lado, me sentí menos solo.

A su lado, me sentí más fuerte.

Ellos me vieron llorar por última vez, antes de ir a morir a Jerusalén.

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