203. La piedra

Diego Paredes Salmerón

 

Al pie de aquel olivo centenario, el que coronaba las fanegas de tierra que sus padres poseían, depositó un jueves más todas sus esperanzas. Junto al tronco árido y potente, bajo sus ramajes arabescos y solemnes, debajo de aquella piedra gris, un papelito contenía el fruto de su propio corazón. Quizá el viernes encontrara en ese mismo lugar, doblada como siempre, otra hoja que haría enrojecer sus mejillas y palpitar su corazón. Nadie, salvo ellos dos, conocían ese tesoro que cada semana escondían allí, esas joyas que en forma de delicada prosa, de floridas frases, llenaban sus respectivas almas, anhelando cada vez más el instante donde sus miradas y sus manos enamoradas se fundieran la una con la otra.

Tiempos difíciles esos de la posguerra en los hambrientos campos andaluces, los de unos pocos ricos y una mayoría pobre, repletos de incomprensiones, donde el amor no siempre parecía tener cabida. Herederos de un legado sangriento, frutos de unas apariencias… aquel olivar constituía ese terreno neutro, ahora sagrado, conquistado por el amor que sentían y apenas podían demostrar salvo en esas letras que cada semana aquella jornalera recogía y dejaba bajo una piedra gris junto a aquel viejo olivo.

MásQueCuentos
Resumen de privacidad

Usamos cookies en nuestra página web para ver cómo interactúas con ella. Al aceptarlas, estás de acuerdo con nuestro uso de dichas cookies. Ver políticas de privacidad