187. Antes

El abate joven

 

La  contraventana del despacho chirría incansable con los golpes de viento. El viejo  no quiere cerrarla porque prefiere la luz natural para trabajar con su colección de sellos y monedas. Se marcha al cuarto de las herramientas a buscar  aceite lubricante para arreglarlo, pero no lo encuentra. Recuerda que en alguna ocasión lo ha sustituido por el de oliva y  la chapuza ha funcionado. Se va para la cocina y abre la alacena donde guarda la botella. Levanta un poco las cejas y deja caer otro poco la mandíbula, la chica de la etiqueta  le acaba de  recordar a Irene, su primera novia, siendo todavía adolescente. Niega a un lado y a otro con la cabeza,  media vida usando la misma  marca y no se había dado cuenta hasta ahora. Le vienen imágenes de los dos sentados en  un banco del parque compartiendo la merienda.  Busca una barra de pan y un cuchillo de sierra. Parte una rebanada, la impregna de aceite y espolvorea azúcar por encima. Da el primer bocado. La contraventana vuelve a chirriar. Se encoge de hombros y cierra los ojos. Irene siempre se lo pedía antes de besarle.

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