16. Una vida juntos

Pedro Fernández Escalante

 

Mírate, cada vez estás más torcido; tanto como yo mismo. Parece que no hicimos las paces con esta tierra dura y que, tan solo aprendimos a sobrevivir a su lado. Tu tronco exhibe las mismas curvas que mi espalda, los mismos callos que mis manos y las mismas arrugas que mi piel. Nos modeló el mismo viento seco, la misma escarcha áspera y este sol que abrasa sin preguntar.

Hoy acudo con un espeque y un podón menudo a limpiar, con esmero, tu cuerpo de brotes y ramas inútiles, para que dediques todo tu empeño en gestar nuevos corazones verdes que son tu razón de ser …y la mía. He vuelto a dejarte cicatrices; cuántas veces te he mutilado mientras tú continúas paciente y amable.

Tal vez al próximo vareo venga mi hijo con las mismas espuertas —no lo sé— y tú seguirás aquí, más inclinado si cabe, pero igual de firme. Siempre vigilante de tu cuadrilla como un viejo capataz, mirando de reojo al camino de tierra.

Entonces volveré a otear el olivar contigo, porque sé que una parte de mí quedará escondida en tus entrañas centenarias; junto a las otras almas que ya custodias.

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