319. La reunión

Loubna Rochdi

 Un tiempo lejano, nació una leyenda que contaba que cada año, se reunían los olivos más ancianos del mundo e intercambiaban las historias de sus vidas y experiencias. También, discutían con mucha preocupación e interés sobre el futuro de los olivares en el mundo y cómo sobrevivir a todos los cambios bruscos en el mundo, como las inundaciones, fuegos que queman miles de árboles y la necesidad del ser humano de levantar muros y edificios a coste de la naturaleza.

Como era habitual, presidía la reunión el olivo más antiguo del mundo. Tomó la palabra abriendo la reunión y dando la bienvenida a los árboles presentes, y  les felicitó por el esfuerzo que hicieron para estar allí , ya que  había muchos olivos ausentes,  lo que era alarmante.

La primera intervención la tuvo el olivo palestino, su voz sonaba cansada y muy pesada, las palabras le salían como si fueran de plomo  :

“Mi historia es la historia de todos los tiempos, se repite  desde  siglos, desde que me plantaron  en un olivar junto a un centenar de olivos jóvenes. Hemos recibido siempre un trato muy especial de parte de los dueños, nos cuidaban y se reunían con sus hijos y familiares a mi alrededor, los mayores contaban historias a los pequeños sobre la tierra, el valor de la familia y del olivar y su importancia en sus vidas y les aconsejaba cuidar de mí.

Escuchaba cada noche sus cuentos y sus consejos y con  los años empecé a sentirme uno  más de esa numerosa familia, les procuraba sombra en sus días de calor, ramas y hojas en sus días de frío y lo más importante: aceitunas y aceite para alimentarse y curarse.  Hasta que un día, noté que las reuniones de la familia a mi alrededor eran escasas, y que muchos miembros estaban siempre ausentes, la aldea se sumergió en una atmosfera triste, y los dueños estaban siempre vigilando los olivares y los alrededores de la aldea como si  estuvieran esperando algo que no sabían cuando llegaría.

  Una mañana temprano, ese miedo llego acompañado de un gran ruido, eran camiones y un gran trasplantador,  venían a arrancar los olivos y llevárselos para plantarlos al otro lado de un muro gigante que dividía la aldea en dos, se oían gritos de todas partes. Todos los habitantes salieron, empezaron a rodear los olivos para protegerlos de ser arrancados, armados con piedras para defenderse. ¿Qué harán las piedras frente a maquinas tan grandes? Pero cuando existe la voluntad y la fe de que defender lo  propio es justo, nada es posible. Frente a esta resistencia de los habitantes, las maquinas no tuvieron otra alternativa que retroceder.  Sin embargo, desde ese momento, nunca volvió la tranquilidad y la calma a la aldea, el miedo de que  volvieran otra vez era constante. Os confieso que hasta yo, no sé si voy a poder estar con vosotros en la próxima reunión, pero siempre habrá una voz nuestra presente para defender el olivo palestino”.

La reunión se sumergió en un largo silencio, nadie se atrevía a tomar la palabra, como si a todos les  pareciera que lo que iban a contar no tenía valor comparado con lo que acaban de escuchar. De repente, el olivo que precedía la reunión, alzo la voz preguntando quien quería tomar la palabra,  un olivo alzo la mano y empezó a hablar:

“El olivar era alegre y sonriente y lleno de vida. Sé que todos os preguntáis a qué viene esta felicidad que se me nota, pues vengo a añadir un poco de entusiasmo a esta reunión. Sí, es cierto, hasta hace poco tiempo yo era un olivo solitario, yacía en un pueblo de Teruel que poco a poco fue perdiendo sus habitantes y sus animales. Por falta de recursos, los jóvenes tuvieron que emigrar a la ciudad, dejaron a los padres, y luego ellos también tuvieron que seguirles. Nos quedamos, los olivos, pálidos y deprimidos por falta de cuidado, mis hojas empezaron a caer y me sentía muy cansado día tras día en un pueblo donde reinaba el silencio.

En una mañana sin preaviso, ese silencio se rompió, y noté que en algunas casas había luz y movimiento, mi curiosidad fue satisfecha al poco tiempo , cuando vi acercarse una pareja  de ancianos, un hombre y su mujer se sentaron apoyándose en mí un rato y empezaron a recordar su juventud y los momentos en lo que se sentaban junto a mí. Hablaron de lo mucho que echaban de menos la vida tranquila que tenían antes de dejar el pueblo, y ahora habían tenido que dejar la ciudad huyendo de una pandemia buscando refugio y aire limpio.

Pasaron unos días y fue llegando más gente, familiares, hijos y nietos, también los antiguos habitantes del pueblo estaban volviendo a sus raíces. Desde ese momento,  volvió la vida al pueblo y se plantaron más olivos, tuvieron una cosecha muy excelente este año,  nunca volvieron a la ciudad, y el pueblo jamás volvió a ser abandonado”.

A continuación, el olivo jiennense fue quien obtuvo la palabra  :

“Yo no vengo a hablar de mí, sino de la gente de mi pueblo que a causa de estos tiempos difíciles de pandemia, han perdido una gran parte de sus recursos al tener que cerrar sus proyectos de oleoturismo que eran una fuente de ingresos económicos muy importante. En  casi todos los pueblos de Jaén,  provincia muy conocida por la producción de aceite de oliva con una calidad suprema, existen muchas cooperativas cuya principal actividad es  fomentar el oleoturismo. Ello consiste en  dar a conocer a los visitantes las funciones de una cooperativa y las etapas del proceso de extracción del aceite de oliva y sus variedades visitando almazaras, también mostrando cómo se curan las aceitunas para quitarles su amargura y las diferentes maneras de aliñarlas. Por supuesto, se prueban esos diversos aliños y tipos de aceites de oliva extraídos, también existen puestos de venta dentro de las cooperativas de productos naturales como el jabón aromatizado y las yerbas medicinales.

El oleoturismo, como la palabra turismo lo indica, consiste en visitar olivares que pueden contener olivos centenarios como el Olivo de las Quebradas conocido con el nombre de la estaca grande, el Olivar del Llano de Motril que es un bosque en el que algunos olivos tienen más de 500 años de antigüedad, y el Olivo de Fuente Buena que está inscrito en el libro de Guinness por su gran tamaño. La falta de oleoturismo afectó también al sector de la hostelería, muchos restaurantes, hoteles y alberges tuvieron que cerrar sus puertas, ya no se celebraban fiestas ni ferias.

Sin embargo, últimamente las cosas se fueron mejorando al focalizar el oleoturismo solo en actividades al aire libre o al disminuir el número de personas en las visitas de cooperativas o almazaras. Yo, como olivo, me alegro de ver la gente de mi pueblo alegre y también de recibir a visitantes nuevos”.

El olivo marroquí fue el último en pedir la palabra, había estado durante toda la reunión escuchando atentamente las historias y experiencias de los otros olivos, dudando si su historia valía la pena de ser contada. No quería añadir mas tristeza ni pesimismo, ya que la mayoría de las historias eran tristes salvo la del olivar jiennense, que le animó a contar la suya:

“Mi historia sucede, dijo el olivar marroquí, en un pueblo del sur, donde las costumbres y las leyes eran muy estrictas y nadie se atrevía a oponerse o discutirlas. Quien lo hacía era castigado o repudiado fuera del pueblo. Había en el pueblo una chica que pertenecía a una familia muy humilde. Según las costumbres, cuando las chicas alcanzaban una cierta edad, las madres ya no tenían más preocupación que encontrar un buen marido a sus hijas y mejor si es de una buena familia que les supera económicamente, para que sus vidas mejoren un poco.

La chica  era muy guapa y le salían muchos pretendientes, pero su padre los rechazaba  todos, porque pensaba que su hija, y por supuesto él también, merecían relacionarse con una de las familias ricas del pueblo.  Hasta que un día , estaba la chica de vuelta a casa después de pasear con sus amigas en la orilla del rio, cuando se encontró con un jinete. Era un hombre apuesto, vestía   ropa bordada con oro , la chica supuso que era uno de los ricos del pueblo. El jinete , todavía montado en su caballo, le ordenó  que bajara al rio para traerle agua. La chica  se disculpó rechazando su pedido con el pretexto que su padre le prohibía acercarse al rio por miedo a caerse ya que no sabía nadar. Siguió la chica en su camino dejando al jinete  detrás, pero este dio un golpe brusco a su caballo que  alzó de repente las orejas, sacudió las crines y lanzó  un relincho y se disparó al galope detrás de la chica, alcanzándola. El jinete se bajó y le cortó el paso diciendo: «¿Quién te crees para rechazar un pedido de tu señor?» La chica respondió: «yo no soy tu sirvienta, tampoco tu mi señor, yo soy una chica libre». Lo dejó de pie y apretó el paso ansiosa por llegar a su casa, al mismo tiempo, el jinete se quedo incrédulo, no esperaba esa respuesta sino una disculpa de parte de la chica. Al mismo instante, había algunos niños jugando y presenciaron la escena, los llamó el señor y les preguntó por la identidad de la chica y donde vivía. Los niños le informaron de todo cuanto sabían sobre ella y cada uno  se fue corriendo a su casa a contarle lo que pasó a su familia. Al poco tiempo, todo el pueblo se enteró de la noticia y también la identidad del jinete, era el hijo del jefe del pueblo. Esa noticia introdujo mucho miedo y pánico en la casa de la chica  , su padre sintió pavor, ya que el jefe del pueblo era una persona sin piedad y todo el pueblo le temía, así que le prohíbo salir de casa.

Pasaron los días y nada pasó, y el incidente se fue olvidando. La chica volvió a salir, iba todos los días a verme y sentarse en mi regazo, era yo el olivo, su baúl de historias y confidente.

 Hasta que un día, un mensajero llegó a su casa preguntando por su padre, traía muchos baúles que al introducirlos dentro de la casa no dejaron espacio para moverse. Eran regalos del jinete para la chica, también le entregaron a su padre una carta reclamándole reunirse con el jefe del pueblo esa misma tarde. El padre pensó que era su fin, pero tenía que ir. Fue caminando hacia el castillo despacio, con pies de plomo. Al llegar, lo anunciaron y se presentó ante el jefe, que lo miró de arriba abajo con desprecio y desvió la mirada hacia su hijo que estaba a su lado, este movió su cabeza confirmando. El jefe volvió a mirar al hombre y le dijo con tono posesivo señalando a su hijo: «mi hijo me dijo que tienes una hija muy guapa, aunque un poco insolente, en fin, la quiero como esposa para mi hijo, así que te doy tres días para prepararla con lo que les hemos enviado y traerla al castillo». El padre se quedó boqueabierto con incredulidad, la oportunidad de ser uno de los ricos y dejar la pobreza le emocionaba, por ello movió su cabeza asintiendo y salió corriendo a darla la buena noticia a su hija.

Al anunciar la noticia, toda la familia se puso muy contenta salvo la chica. Ella sabía muy bien cuál era la intención del jinete, quería comprarla con su dinero y luego humillarla, así que rechazó esa petición. Para sus padres, era una insensata, ¿quién rechazaría una oportunidad de vivir en el castillo y tener una vida lujosa?, y ¿cómo le dirán al jefe que su hija había rechazado a su hijo?

Sus padres pasaron dos días intentando   convencerla de que era una oportunidad única para sacarles de la miseria. En otras ocasiones, amenazándola y metiéndole miedo de que si no aceptaba casarse, serán echados fuera del pueblo. Al tercer día, la chica, con todas esas presiones,  logró escaparse de casa y se refugió en el olivar, vino a sentarse en mi regazo apoyando su cabeza y espalda sobre mí, lloraba y estaba confusa , no sabía qué tenía que hacer, tenía mucho miedo que le pasara algo a su familia por su culpa. Al estar llorando tanto, se sintió muy cansada y se quedó dormida.

Al notar su ausencia, sus padres salieron a buscarla. La noticia no tardó en llegar a los oídos del jefe y su hijo, que se juntó a ellos en su búsqueda. La encontraron dormida en el olivar, la chica se despertó bruscamente y se asustó al ver la multitud de gente que la estaba mirando se puso de pie,  intentó razonar con el jinete de que ella no quería casarse con él. Pero él no quiso escucharla y la tiró de la mano con fuerza para llevársela, ella logró soltarse y se agarró a mí. En esta escena presenciada por todo el pueblo, el jinete  sintió  su orgullo por el  suelo y ordenó con mucho enfado a sus guardias que la ataran a mí, y que nadie le diera de beber o comer, y así fue, la ataron a mí y nadie se atrevió   a acercarse ni de lejos al olivar por temor al enfado del jefe.

Trascurrieron muchos días, la chica empezó a perder fuerzas y sentirse débil y muy pálida, yo no podía ayudarle, salvo mover mis ramas para procurarle sombra en días muy calurosos y sacudirme de vez en cuanto para dejar caer aceitunas que, aunque eran amargas, era mejor comer eso que nada.

La chica no pudo aguantar mucho y amaneció un día sin vida. El jefe al enterarse, ordeno que la enterraran a mi lado, y desde ese día, cada vez que alguien  ajeno al pueblo visitaba el olivar, le cuentan su historia”.

Volvió a reinar el silencio en la reunión, hasta que el olivo más antiguo del mundo alzó de nuevo la voz:

“Veo que este año no fue fácil para muchos de vosotros, agradezco su presencia y admiro el valor de contar y compartir vuestras historias, espero que el año que viene haya más olivos presentes y que los tiempos mejoren. No quería despedirme con tanta tristeza, pero acabo de enterarme que nuestros amigos los plataneros, están sufriendo graves pérdidas a causa de la erupción de un volcán en la Isla de Palma. Así, como dije antes, espero que los próximos tiempos sean mejores”.

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