270. En el olivar

Mr. Islao

 

El olivo de quince siglos, la joya de la corona de aquel terreno, se elevaba majestuoso sobre las cabezas de los niños. Él les hablaba con su voz vieja y centenaria, y un sonido como de corteza frotada, de todos los acontecimientos que habían pasado en aquel lugar.

De aves extintas y pueblos olvidados. Del soldado romano apoyado en su tronco que escribía a su amada para decirle que volvería a casa. De las batallas entre árabes y cristianos por el control del río cercano. De los soldados de Napoleón que se habían echado a dormir bajo sus ramas. Y de como todos sus hijos, nietos y bisnietos olivos ya no estaban. Sólo quedaba él, perdido en su soledad y su tristeza.

El árbol les pidió que lo cortaran. Que ser tan antiguo era un calvario. Que sus recuerdos se mezclaban con sus propias fantasías, y que el peso del tiempo le aplastaba las ramas. 

Los niños le ignoraron. Cuando el árbol se rindió y dejó de llorar sus lágrimas de resina, empezaron a recoger las aceitunas que su padre, el dueño del terreno, les había pedido. Aquel era el olivo con la mejor producción de toda la propiedad.

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