99. La botijuela

Josetis

 

(Casi todo verídico)

 

I. EL CORREDOR DE LOS OLIVOS

Era un caluroso día de final de agosto de hace unos años, cuando se celebraba una de las últimas etapas de La Vuelta Ciclista a España; la segunda competición más importante del calendario ciclista internacional para corredores y equipos profesionales, en la que estaban participando los mejores equipos y los más destacados corredores del mundo. La etapa discurría por la sierra de los alrededores de Madrid; era una etapa durísima con cinco puertos de montaña de máxima categoría, en la que se estaban jugando los primeros puestos de la clasificación General. A uno de aquellos corredores, natural de Jaén,  (Manuel Beltrán Martinez -1971-) le habían puesto el cariñoso el apodo de “Triki” Beltrán. Triki era un conocido personaje del programa de televisión “Barrio Sésamo”, y se le conocía como el “Monstruo de las Galletas”, por su afición a este alimento, que tomaba de forma continua. Beltrán también consumía muchas galletas por su aporte de Hidratos de Carbono; fue por esto que los compañeros del pelotón ciclista le pusieron el apodo. También se le conocía entre los ciclistas como “El Corredor de los Olivos”, por ser la suya una tierra de olivares y porque decía que quería ser ciclista para no tener que ir a la recogida de la aceituna al pequeño tajo que tenía su padre en los alrededores de la ciudad de Jaen, de donde procedía la familia.

Aunque el “Triki” Beltrán era buen ciclista y gran escalador, los mejores equipos lo elegían por ser un “gregario” de lujo; estaba para ayudar a su jefe de filas en las más duras etapas de montaña; así militó en alguno de los mejores equipos del pelotón ciclista internacional (Banesto, US Postal, Mapei-Quick Step, Discovery Channel…..), y estuvo participando con los más destacados corredores de su época (Ullrich, Olano, Zulle, y, especialmente con Lance Armstrong, del que fue su gregario de lujo, y al que ayudó a vencer en varias ediciones del Tour de Francia). A nivel individual consiguió éxitos participando en 9 Tour de Francia, 10 vueltas a España, 3 Giros de Italia, y 6 ediciones del Campeonato del Mundo en Carretera representando a España.

Ese día de agosto, “Triki” Beltran se encontraba, además, entre los primeros puestos de la clasificación general de la Vuelta a España. Cuando se levantó esa mañana notó que tenía fiebre y malestar general. En el desayuno lo comentó al Director del equipo, y este le dijo que esperaba que la fiebre no fuera a más y tratara de pasar la etapa lo mejor posible. Pero la fiebre iba subiendo, y antes de empezar la etapa se juró a sí mismo que la acabaría y llegaría a Madrid entre los primeros. La carrera empezó con rápidas escapadas de corredores con objeto de endurecer la etapa y poner a prueba a los primeros de la clasificación general. El primer puerto de máxima categoría, lo pasó como pudo, al igual que el segundo. Pero al llegar al tercero, la fiebre se le había disparado, y un fuerte dolor de garganta, apenas le dejaba tragar. “Triki” luchó hasta el límite de sus posibilidades, pero llegó un momento en el que no pudo dar una pedalada más y, con toda la rabia del mundo y llorando por la impotencia de no poder seguir, se detuvo y bajó de la bicicleta. Al verlo, se le acercaron un cámara de televisión española y un comentarista, que transmitían la carrera en directo, y este último le dice:

– Esto es muy duro, “ Triki”

El de Jaén levanta la cabeza, lo mira, y le contesta:

– ¿Duro?, lo duro es coger aceitunas.

 

 

(40 años antes)

 

II.  LA ROYAL: UNA VARIEDAD AUTÓCTONA

La aceituna Royal de Cazorla es una variedad autóctona de una zona de la provincia de Jaén; concretamente de la comarca de Cazorla, Quesada y alrededores. Aunque da un aceite excelente, tiene un rendimiento medio-bajo, en todo caso mucho menor que otras  variedades de la zona, especialmente la Picual. Este es el motivo por el que muchos propietarios plantaron olivos de Picual en sustitución de los de variedad Royal.

No todos: Isicio se resistió al cambio, pues estaba encariñado con sus olivos de su finca “La Lobera” y además apreciaba las excelentes cualidades del fruto y sabía venderlo a buen precio en las almazaras particulares de la comarca.

Un día de finales de noviembre, Tobal, el hombre de confianza de Isicio, le comunica que las aceitunas han engordado lo suficiente y ya tienen ese color rojizo y muchas lenticelas que indica que han madurado lo suficiente y es el momento de cogerlas.

– Avisa a la cuadrilla y empezamos en tres días, le contesta Isicio.

La cuadrilla, empezando por Tobal, Santos, Ramona, Maria Luisa y sus familias, es la misma de todos los años; al olivo Royal hay que conocerlo para tratarlo en la recolección. Este árbol, que es más duro con el clima y aguanta más los fríos y los calores, tiene, en cambio, las ramas más frágiles que otras variedades y hay que cuidarlo bien para su vareo; por eso no se suelen cambiar las cuadrillas de un año para otro.

Tres días después, a las 8 de la mañana, la cuadrilla formada por 6 hombres y otras tantas mujeres de varias edades, se han reunido en la plazoleta que hay delante del cortijo de “La Lobera” para empezar la recolección. Vienen bien abrigados, pues suele hacer bastante frío en esas fechas en las estribaciones de la Sierra de Cazorla, especialmente por la mañana temprano. A esa hora, Santos, uno de la cuadrilla, tiene preparada una gran sartén con una buena “gachamiga» de harina, que acompañada con el café y la leche que ha preparado Ramona, les dará a todos energías para empezar la jornada. Luego, a mediodía, almorzarán con lo que cada uno lleve en la talega.

Todos los enseres necesarios: Varas, espuertas, mantones, garbillos…, van sobre los lomos de las dos fuertes y dóciles mulas que con tanto cariño cuida Isicio. Estas, además de las faenas agrícolas, convenientemente enjaezadas, arrastran los toros en las corridas y novilladas que cada año se dan en Cazorla: el quince de agosto una novillada con picadores, y los días 17 y 18 de septiembre, en la feria que se celebra en honor del Señor del Consuelo, las corridas con grandes figuras del toreo.

 

 

III. LA RECOGIDA DE ACEITUNA

 

Se suele realizar entre noviembre y febrero (algunos adelantan la recolección a fechas más tempranas) en días de invierno, con campos helados o embarrados, y condiciones muy duras. Antes de la introducción de modernas máquinas de vareo y recogida que han aliviado algo el trabajo, casi todas las maniobras eran manuales. Las cuadrillas de aceituneros las formaban hombres y mujeres, que un año tras otros, solían repetir en los mismos tajos, tratando que la temporada de recogida fuera lo más larga posible, pues, en muchos casos, eran las ganancias que servían para vivir todo el año. Cada día acudían al tajo con una talega en la que llevaban la comida para ese día, y la esperanza de que no lloviera, pues si lo hacía, perderían el jornal. Aparte del trabajo, había cierto espíritu de convivencia, que se acentuaba cuando en la cuadrilla había muchachos y muchachas jóvenes. Aunque parezca mentira, en la recogida se producían encuentros que, a veces, terminaban en noviazgos. Lo que los primeros días eran furtivas miradas, más adelante llegaban a ser romances o amores no correspondidos. Ya lo decía la coplilla:

“El querer que te tuve, fue aceitunero;

Se acabó la aceituna, ya no te quiero”.

 

 IV. LA BOTIJUELA

 

Se llamaba así una vasija llena de vino que el patrón regalaba a la cuadrilla para la comida (que cada uno llevaba en su talega) del día del “remate”, o final de campaña. Pero en realidad, si la cosecha había sido buena, la cuadrilla pedía al dueño que “se estirara”; esto es, que hiciera una buena Botijuela. Entonces, a la tarde del último día de campaña, se preparaba una pequeña fiesta a la que acudían los componentes de la cuadrilla de aceituneros, sus familias y las del dueño. En la fiesta se hacía un baile entre los más jóvenes (y algunos mayores); se contaban anécdotas de cómo había ido la campaña, y de las relaciones más o menos platónicas o furtivas de los mozos y mozas nuevos, así como cancioncillas pícaras o de doble intención. A veces, se contrataba a un churrero y a un músico acordeonista que animaban la reunión; entonces se cantaban coplillas de amores, desamores o fracasos, relacionadas con la recolección; algunas como estas:

Cogiendo la aceituna se hacen las bodas, quien no va a la aceituna no se enamora.

¡Qué tendrán madre, para cosas de amores, los olivares!

 

O aquella otra:

Bajo un olivo, madre,

Se perdió mi honra

Que halló un aceitunero

Muy mala sombra

Bajo un olivo, madre,

La noche entera

Rodeada de brazos,

Estuve ajena

 

La fiesta solía terminar con un baile entre los componentes de la cuadrilla y familiares. Casi todos bailaban, aunque a veces, alguna de las más retraídas cantaba esta coplilla:

Unos me dicen que baile, otros me dicen que no,

y yo, para darle gusto a todos, echo medio y se acabó

 

Así terminaba una campaña más, con la esperanza de volver la próxima, y que esta fuera tan provechosa para todos como la que acababa de finalizar.

Entre tanto llega la fecha de la nueva recogida, Isicio organizará todo el tratamiento que requiere el olivo para estar en las mejores condiciones en la siguiente recogida (abono, poda, tratamientos foliares, siega de la hierba alrededor de los pies, y para junio quitar los “chupones” (varetas inútiles que salen en el tronco).